19 de julio de 2014

Entrevista a Philip Gröning (El Gran Silencio)

Transcribo a continuación una entrevista a Philip Gröning que encontré en la web. Ignoro la fuente.

ENTREVISTA A PHILIP GRÖNING


Guionista, productor y director de "El gran silencio"

¿Qué fue lo que lo llevó a hacer una película sobre un monasterio cartujo?¿Cual fue su motivación original?
Al principio la idea no era rodar una película sobre la vida en un monasterio sino sobre el tiempo. Fue después cuando vino la idea del monasterio. Entre todas las órdenes con voto de silencio los cartujos me parecieron los más interesantes ya que cada uno se dedicaba a sí mismo. Viven en pequeñas celdas con camas de paja y todo lo que tienen como estufa es una pequeña lata; en el momento que te alejas de la lata te congelas. Por otro lado, hay una vida en comunidad muy intensa y estable. Cada día está tan bien estructurado que apenas quedan un par de horas para uno mismo. Se reza hasta por la noche. Es como la vida de un ermitaño pero en una gran comunidad.
¿Cómo se convirtió la idea de una película sobre el tiempo en una película sobre silencio?
Una película se basa en el lenguaje y el lenguaje se basa en el tiempo. Creo que la experiencia más profunda que un espectador puede tener al ver la película es tener la sensación de tiempo. Normalmente esta experiencia está enmascarada por la historia. En una película sobre silencio, experimentar el tiempo es algo que queda en la superficie. Nada se aleja de ese silencio. Y esto está directamente conectado con la forma en que los monjes viven, en una estructura absolutamente temporal que desaparece cuando hay que hacer algo.
Su película trata el tiempo en dos niveles diferentes: nosotros los espectadores tenemos un sentido real del tiempo pero también experimentamos el paso de las estaciones.
Alguien que vive siempre en el mismo lugar y cuyos días son siempre iguales experimentará obviamente las estaciones mucho más intensamente. Imagínate que pasas toda tu vida mirando por la misma ventana a un determinado jardín o a una determinada montaña. En este caso la transformación de la naturaleza y del tiempo tendrá un significado completamente diferente.
Para los cartujos no sólo el tiempo sino también el valor del trabajo y de los objetos parecen totalmente diferentes.
Los cartujos viven en la pobreza absoluta, pero son conscientes de su pobreza. Por ejemplo, el sastre guarda cada botón y cada trozo de tela. Cuando un monje muere los botones se reutilizan. En la película hay una escena en la que vemos la colección de botones en el taller del sastre. También hay cajas de hilos e incluso cada uno de los pequeños trozos de los hábitos de los monjes son reciclados. Si se observa de cerca los hábitos se puede ver que están hechos de pequeños trozos cosidos. Básicamente nunca se tira nada. Y todo el dinero que a finales de año no se ha gastado se dona. Así que nunca tienen dinero de sobra.
¿Es eso una filosofía?
Sí, recuerdo que una vez tiré algo, no recuerdo qué. El sastre inmediatamente vino a buscarme y me preguntó que por qué había hecho eso. Me decía que si no respetaba el simple hecho de que alguien lo hubiera hecho a mano. Me preguntaba que por qué pensaba que no tenía ningún valor. En realidad no tenía nada que ver con el ahorro sino con el cuidado. Aquí se cuida todo mucho: las cosas, el tiempo, el alma, a uno mismo.
¿Hay alguna libertad individual en el monasterio?
¡Claro que sí! Conocí gente muy enérgica allí. En comparación con otros monjes como por ejemplo los cistercienses, que también tienen voto de silencio, los cartujos viven cada uno individualmente. Esta individualidad encuentra su máxima expresión en las celdas; se puede ver como Benjamín, el monje africano, ha juntado muchas cosas en tan sólo seis meses. Sin embargo, Francis vive en una celda prácticamente vacía después de siete años.
Durante el rodaje viviste como uno de los monjes. ¿Es porque no hubiera sido posible rodar la película de ninguna otra manera o fue una decisión personal para experimentar por usted mismo el estilo de vida de estos monjes?
Quise hacerlo así porque esa era la forma de saber qué era lo que realmente esa gente hacía. Si vas allí una semana y te alojas en el hotel que está al lado, no puedes capturar este ritmo de vida y por supuesto tampoco el ritmo que una película sobre este tema debería tener. Viviendo allí varios meses pude integrarme en el ritmo de trabajo de los monjes. Hice todo yo sólo: la cámara, la grabación de sonido, transportar los 20 kilos que pesaba el equipo. A menudo tenía la sensación de que no lo conseguiría, hasta que descubría otra cosa que me fascinaba.. Por las noches estaba agotado e incluso tengo que admitir que me saltaba las oraciones nocturnas en un par de ocasiones.
Pero al fin y al cabo estabas allí todas las noches.
Sí, los monjes cartujos no duermen ninguna noche de tirón en toda su vida. Tres horas de sueño van seguidas de dos o tres horas de oración y después a dormir otras tres horas. Nunca están verdaderamente relajados sino que siempre están concentrados. Los monjes cartujos tampoco tienen vacaciones. Ni tiempo libre. El intervalo de tiempo más largo en el que están desarrollando una actividad es la oración nocturna. Después vienen los 45 minutos de por la mañana o los 30 de por la tarde que dedican a la vida en común, junto con las oraciones que cada uno reza en su celda siete veces al día. Además, cada uno de los monjes tiene que lavarse su ropa, su plato, trabajar en el jardín, cortar madera, leer libros y cantar en el coro del monasterio. No hay otra cosa más que el tiempo para uno mismo. En el momento en que empezaba a sentir un poco de paz, sonaba una campana y había que empezar a hacer otra cosa.
¿Cuánto material tenía al final?
Unas 120 horas. Rodaba una cinta al día, es decir unos 49 minutos. Seguía a los monjes en su día a día pero a la vez participaba en ella ya que me lavaba mi ropa, trabajaba en el jardín, y hacía otras actividades. Al final solo me quedaban dos o tres horas para mi película. Además, intentaba no repetir ninguna de las tomas. Si alguna escena era buena no la grababa otra vez sino que todos mis esfuerzos los dedicaba a intentar evitar los clichés y no grabar el tipo de escenas que se esperan de lo que es la vida en un monasterio.
¿Como se comunicaban en el monasterio si todo el mundo estaba en silencio?
En la película se ve cómo se dejan mensajes unos a otros en los cajetines de la antesala. Por ejemplo, había un monje que estaba explícitamente en contra de que yo estuviera allí rodando. En este caso yo insistí en contactar con él antes de empezar por si se oponía a mi proyecto tanto que decidiera abandonar el monasterio durante mi estancia allí, porque en ese caso no haría la película. Así que le dejé notas en las que le explicaba donde y a qué hora grabaría al día siguiente para ver si así lo aceptaba. Las escenas con el jardinero o el sastre se organizaron de esta misma manera, escribiendo notas. Entre los cartujos hay otra regla que dice que puedes hablar si es necesario para tu trabajo. Y como la película era mi trabajo me pude permitir decir algo de vez en cuando.
Pero eso no es un voto de silencio absoluto.
Las reglas de los cartujos consisten en hablar lo menos posible. Hay ciertos lugares en los que uno nunca debe hablar: en la capilla, en la antesala, en los pasillos. Sin embargo hay otros lugares en los que gusta que la gente hable, como por ejemplo los paseos de los domingos. Pero ante todo uno debe mantener su soledad. Por ese motivo los talleres y las habitaciones son tan grandes. Si alguien está cortando verduras en la cocina, otro puede estar cortando también verduras apartado del primero de tal manera que prácticamente te olvidas de la presencia de la otra persona. Esto es también un claro mecanismo para hacer que sea más sencillo observar el silencio. En esta atmósfera intenté moverme lo más silencioso y despacio que pude. Al comenzar el rodaje, lo más difícil era el ruido que yo mismo hacía. En aquel silencio cualquier mínimo ruido parecía atroz. Hasta el simple roce de mi chaqueta me resultaba excesivamente ruidoso.
Era una maravillosa idea dramática acompañar a un novicio, a una persona nueva en la comunidad.
Pero fue por pura casualidad. Acababa de llegar. Sólo tenía un par de tomas de la arquitectura cuando me infomaron que a la mañana siguiente a las 9 llegaría una persona nueva y que sería esencial que lo grabara. Sentí que era demasiado pronto para mí y no confiaba en documentar algo tan íntimo como esto. Pero no sabía si podría tener alguna otra oportunidad…
¿Fue el único admitido en la Orden en todo este tiempo?
No, se admitieron cuatro personas en los cinco meses que estuve allí pero no todos se quedaron. Hay muchos que piensan que quieren ser monjes pero después se dan cuenta de que no es lo más adecuado para ellos. Me atrevería a decir que cerca del 80% de los novicios abandonan y del otro 20% algunos son expulsados por los mismos monjes.
¿No es terrible que te expulsen de un monasterio?
En la ceremonia de admisión se deja bien claro que todo el mundo está en su derecho de marcharse y que la comunidad también está en su derecho a expulsarte. Esto también es una protección para los postulantes: si los monjes claramente ven que el postulante no puede vivir en una orden tan estricta, se le expulsa. Al principio intenté convencer a los monjes que estaban en contra de mi película de que esto sería una publicidad para el monasterio. Pero esa idea es totalmente absurda para los cartujos. Nada puede ser peor que tener a un monje entrando en la orden y después, quizás tras 25 años, darse cuenta que esto no es el estilo de vida adecuado para él, porque entonces ¿qué hará? Además, nadie en la orden de los cartujos está preocupado por que la orden sobreviva. Existe desde hace casi mil años. Pero si Dios desea que se acabe mañana, así será.
¿Por qué te mostraste en contra de comentarios en off?
No puedes utilizar el lenguaje para describir un mundo que está por encima de él. Los monjes se esfuerzan por entender las cosas. Sólo puedo esperar que el espectador también experimente esto. Pero no funcionaría así si después de cada imagen se ofrecen explicaciones de todo lo que se ve. También tenía claro que esto iba a ser una película en la que se vieran y se escucharan las cosas de manera muy precisa. Cuando estás en un monasterio empiezas a oír las cosas de forma diferente y a ver las cosas también de manera diferente.
Como espectador uno a menudo no entiende de la manera adecuada lo que los monjes están haciendo.
No me importa. Mi película no tiene que dar respuesta a todas las preguntas. Si suscita el interés del espectador y luego van a Internet y hacen una búsqueda con eso es suficiente. Hoy en día estamos literalmente bombardeados de información. Lo que falta - y lo que uno debe descubrir en sí mismo – es el significado de las cosas. Mi película también quiere ser sobre el espectador, sobre sus percepciones, sus pensamientos, etc. También es una película sobre la contemplación. Piensa tan sólo una cosa. Los monjes pasan unos 65 años de media en el monasterio, 65 años en los que el ritual es el mismo día tras día. Yo no puedo explicar el significado de todo esto a ningún espectador. Creo que esta es la única manera de la que se podía hacer la película, sin dar ningún tipo de indicaciones al espectador. Simplemente se le deja libre.
¿Una libertad que los monjes también tienen? 
A los monjes se les da una cierta libertad a pesar de lo estricto de las reglas ya que hay que tener en cuenta que han perdido todo el control sobre sus vidas. Creemos que podemos dar forma a nuestras vidas por nosotros mismos y que esa será la única manera de encontrar la felicidad. Ese es el motivo por el que tanta gente tiene miedo a la vida. El monasterio es un lugar libre de miedos. Uno tiene la edad que Dios le dice que tiene.
En algunas escenas se aprecia algo casi infantil en los monjes.
Efectivamente. Por ejemplo, hay una escena en la que se deslizan por la montaña y se lanzan bolas de nieve unos a otros. Pero no debemos olvidar lo atléticos que son los monjes. Me ayudaron a subir todo el equipo a la montaña cuando yo no podía hacerlo. Incluso los que estaban en contra de la película participaron. Algo importante para mí era el contacto físico, porque, ¿dónde está el contacto físico en un monasterio? Después de todo es un componente importante de la vida de todo ser humano. Este es el motivo por el que las escenas en la barbería, cuando se cortan el pelo, era tan importante o el momento en el que al viejo monje le frotan el cuerpo con un ungüento.
¿Cúal es la posición actual de los cartujos?¿Cual es su influencia?
De nuevo son respuestas que se pueden obtener en muchos otros lugares. Yo no quise rodar una película sobre el monasterio sino una película sobre el hecho de ser un monje. Especialmente porque encuentro paralelismos con la vida de un artista y con mi día a día como director. Soy consciente de los muchos sacrificios que uno tiene que hacer por las cosas que quiere y como continuamente tienes que dejar de lado muchas otras cosas. En ambos mundos tratamos conceptos como la concentración, la percepción, el significado de lo que se hace…
¿Pueden o podrían los Cartujos ser artistas?
Por supuesto que sí. Uno de los monjes pinta, otro escribe poesía. Pero por encima de todo esto esta el concepto de humildad. Si uno de los monjes tiene tanto éxito que la atención que crea en los demás puede molestar a la comunidad en su día a día, el padre prior inmediatamente le pedirá que lo deje. Y el monje lo hará. Por tanto, una de las condiciones que me pusieron para rodar la película fue que yo podía participar en Festivales con ella pero nunca en competición.

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