25 de septiembre de 2011

Misa tradicional en Buenos Aires

Corregido y precisado a fines de marzo de 2017.

Tal como dispuso Mons. Jorge Mario Cardenal Bergoglio, en ese tiempo Arzobispo de Buenos Aires, tras el pedido insistente de fieles porteños (más allá de la chicana de alguno), se estableció la celebración de la Santa Misa en la "forma extraordinaria" del rito romano en dos iglesias porteñas céntricas, una medida pastoral que pareciera no ajustarse a una jurisdicción con más de dos millones y medio de fieles.
Por supuesto que esta disposición oficial --una obligación pastoral a ser garantizada por instrucción de la Santa sede-- se hizo contra el malestar de una parte interesante del clero porteño y del propio Arzobispo, de quien es conocida la frase "Ya no estamos más en Trento" de sus tiempos en Buenos Aires, y otras directamente relacionadas a la Misa tradicional durante su pontificado. Como no podría ser de otra manera en una arquidiócesis cuya cabeza es considerada conservadora --y por ello anti-tradicionalista--, el asunto marchó mal desde el vamos, aún cuando los fieles que deseaban legítimamente asistir a la liturgia antigua estaban amparados incluso en las "recomendaciones" que llegaron ad hoc desde la Santa Sede.

El 25 de septiembre de 2011 asistí a una de esas dos Misas "Summorum Pontificum", como les llaman coloquialmente a las establecidas a partir del Motu Proprio de 2007.
Una de las Misas se tenía lugar en la cripta racionalista de la parroquia San Miguel Arcángel, celebrada por el P. Ricardo Dotro, el afamado liturgista --y no afamado precisamente por su apego a liturgia tradicional. Ya en la primera Misa celebrada en aquella cripta muchos fieles advirtieron sorprendidos que celebraba haciendo una insólita mezcla de los dos Ordos (Vetus y Novus) y que además utilizaba el calendario nuevo, lo cual --entre otras cosas--, era una clara violación a las disposiciones de la Santa Sede, tanto abusando litúrgicamente del Misal Romano aprobado por San Juan XXIII en 1962 como contraviniendo las claras disposiciones de Summorum Pontificum (uso excluyente de la edición de 1962 y del calendario antiguo, etc.).
Es una historia penosa que se puede leer en más detalle en varios sitios. Pero la conclusión es que el cura siguió celebrando la Santa Misa como le placía y en contra de las normas de la Iglesia. Y por supuesto, los fieles poco a poco dejaron de asistir, decepcionados por esta pobrísima provisión de la Arquidiócesis, y de ese insulto a la liturgia de la Iglesia. Contrastaba el puñado de fieles de las últimas celebraciones (contados con los dedos de una mano) con aquella primera vez a la que acudieron más de un centenar de fieles. Incluso salió una nota -aunque muy pobre de contenido- en el diario Clarín.


Lo cierto es que en cuanto se estableció la celebración de la forma extraordinaria también en la parroquia Nuestra Señora del Carmen (Rodríguez Peña 840), aparentemente se juzgó que ya había un exceso y sobreabuso de latín en Buenos Aires, y el P. Dotro determinó que entonces bastaba celebrar Misa sólo una vez por mes en su cripta.

Fachada de la iglesia Nuestra Señora del Carmen.

Vuelvo a mi crónica. Cuando llegué a Nuestra Señora del Carmen, pude leer la cartelera:

 "Horarios de Misa
Sábados (...) 
Domingos 8:30, 9:30 (rito latino),
(...)"

La imprecisión de la cartelera era delatadora de que lo vendría luego.

Claramente, tras un breve análisis y teniendo en cuenta el contexto en que se estableció la celebración de esta Misa (con la mayoría del clero y del mismo ex-Cardenal Primado en contra), era bastante plausible que la Misa fuera a celebrarse en un rincón oscuro de la iglesia -la que por cierto es una obra de arte, más allá de los "retoques" y "reacondicionamientos" posconciliares.

La Santa Misa fue efectivamente celebrada en uno de los altares laterales; precisamente el del Sagrado Corazón, a cuyos pies se insertó un sagrario rosado. Se trataba del altar de la nave izquierda. La Misa tradicional jamás se celebraría en el altar mayor, como el resto de las Misas de la parroquia.
El sacristán, un hombre mayor, colocó sobre el pequeño altar las dos velitas y el gigantezco atril con el Misal, que nunca se movió de su lugar (lado del Evangelio). Y luego trajo las vinajeras, que también acomodó como pudo en el altar.

La Misa estaba anunciada a las 09:30 hs., marcadas por unas campanadas que parecen haber sido grabadas en un show folklórico de cencerros. El Reverendo Padre se tomó su tiempo, mientras los fieles disimulaban la impuntualidad ora ojeando su misal, ora rezando un misterio del Rosario.

Tirados de cualquier manera sobre los cuatro bancos dispuestos para los sectarios marginales que se aventuraban a asistir a la ensalada litúrgica --pero tristemente Misa al fin--, había cuatro folletos fotocopiados que llevan el nombre de "Ordinario" en el encabezado, aunque solamente contenían las oraciones al pie del altar, el Gloria y el Credo. Deben ser las partes más importantes de la Misa, porque ahí nomás terminaba el folleto.

La Misa fue entre rezada y levemente cantada. Así de extraño como suena.
El Reverendo Padre llegó súbitamente desde la sacristpia y cáliz en mano (cubierto con su paño), y lo depositó como pudo entre el gigantezco atril y las vinajeras. El altar parecía una estantería atestada de cosas, algo increíble de ver en el imperante "minimalismo" estético que observamos en los despojadísimos altares del posconcilio.
Los fieles constituían un grupo de no más de cinco personas, a las que se le sumaron luego un par más. Todos sentados en los cuatro bancos dispuestos detrás de un órgano que parecía marcar el territorio del presbiterio, separándolo de los fieles. Una división escandalosa según los cánones pastorales actuales.
Entre el órgano pulcramente cubierto y el altar atestado había una suerte de ambón desde donde el celebrante leyó una primera lectura veterotestamentaria, un Salmo responsorial, omitió el Gradual, y continuó con la Epístola y el Evangelio. Claro, eso explicaba la ausencia del "Propio".
Todas las lecturas leídas --o mejor dicho interpretadas-- con tono teatral, usando timbre y tono de voz y una modulación exagerados, más parecido a una interpretación de Pedro y el Lobo que a la lectura y proclamación del Evangelio.

Durante la homilía no dirigió su mirada en ningún momento a la feligresía, salvo a un hombre de primera fila que reía con cada uno de sus chascarrillos. Entre sus humoradas hizo todo tipo de comentarios ácidos sobre la ortodoxia, la Misa en latín y otros temas de similar índole. El desagrado de los fieles era patente.

La vaguedad en los movimientos y en las oraciones del sacerdote crecía a medida que avanzaba la Misa.
Para cualquier católico común, esta tan poco digna y abusiva celebración litúrgica constituía un escándalo, no solo por los ataques a quienes asistían a ella buscando recogimiento y belleza en la tradición de la Iglesia, sino por la poquísima piedad y respeto que mostraba el sacerdote por un rito que no le pertenece ni a él ni a la arquidiócesis, sino a la Iglesia de Cristo. Celebrar la Misa con sucesivos abusos litúrgicos y de "mala manera" (con mal gesto) no es una ofensa contra los fieles, sino contra Dios mismo. Aquí no se trata de gustos de unos y otros, sino del culto de Dios y de lo que les propio y agradable.

Valga aclarar que la Misa duró poco más de 45 minutos, de los cuales 20 o 25 ocupó la lamentable homilía, en los términos ya referidos.

Al final de la Misa los más sectarios y fanáticos permanecían arrodillados unos minutos, mientras que alguno que otro paseaba o desvariaba (según la pespectiva progre) frente a las imágenes de los santos. El cura no aparecería a a saludar a los fieles después de la Misa como es la costumbre en nustras parroquias e iglesias.
Tras entonar la Salve (sí, en gregoriano) y hacer una serie de "anuncios parroquiales", que explicó que no decía en latín porque no sabía cómo hacerlo (sic), se escabulló rumbo a la sacristía y no se lo vio más.
Evidentemente prefería evitar todo contacto con gente a la que desprecia.
que le pregunten por qué trastoca la Misa a gusto personal, por qué despidió sin explicaciones al sacerdote que acolitaba en la Misa (y que le señaló muy caritativamente sus errores o abusos litúrgicas en reiteradas oportunidades), por qué continuaba realizando a conciencia los mismos abusos, etc. Desde luego, probablemente no tenga nada que responder. Nada bueno, al menos.

Así concluye la crónica de una Misa provista por la Arquidiócesis. Así se preocupaba el por entonces Arzobispo-Cardenal Primado y ahora Pontífice de las necesidades pastorales que le solicitaban legítimamente sus fieles.
Con esta clase de clérigos mal llamados liturgistas --porque quien estudia la liturgia la ama, sea cual sea, de donde y del tiempo que sea-- proveyó la Arquidiócesis a sus más de dos millones y medio de fieles. La consigna evidentemente era "Celebren de tal modo que la gente no desee ir más a las Misas que el Arzobispado provee". Y dio sus tristes frutos.
Pero digo más: varios de los que asistían a esas Misas tradicionales provistas por Arzobispado sin duda que yendo a ellas desistían de ir a otras celebraciones ilícitas en la Ciudad y sus alrededores. Y el Arzobispado y particularmente cada uno de los que conspiraron en contra de aquellas Misas son moralmente responsables de los fieles que hayan abandonado esas escandalosas celebraciones "oficiales" para asistir otras ilícitas y fuera de la comunión con Roma.
Habrán de rendirle cuentas a Dios.

23 de septiembre de 2011

El Instituto Cristo Rey Sumo Sacerdote

Este Insituto religioso, con presencia en doce países (EE.UU., Europa, África) fue fundado el primero de septiembre de 1990, teniendo su casa generalicia en Florencia, Italia.

Mons. Gilles Wach y Don Fhilppe Mora son los fundadores y actuales superiores del Instituto. Ambos fueron ordenados sacerdotes por Su Santidad Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro, el 24 de junio de 1979.


El ideal:

Una sociedad canonical de vida apostólica de derecho pontificio, dedicada a la adoración y gloria de Dios, y la santificación de las almas, guardando siempre fidelidad al Romano Pontífice como Vicario de Cristo en la Tierra, cuyo fin es el honor de Dios y la santificación de los sacerdotes en el servicio a la Iglesia y las almas. Su objetivo específico es misionero: extender el reino de Nuestro Señor Jesucristo por todas las esferas de la vida humana. Nuestro trabajo es realizado bajo el patronazgo de la Inmaculada Concepción, a quien está consagrado el Instituto.











Nuestra Misión:

Evangelizar por todo el mundo. Para ello el Instituto incluso regenta desde hace ya más de una década una acreditada misión en Gabón.


Algunos videos del Instituto:







Ordenación de dos Diáconos



21 de septiembre de 2011

"Algunas preguntas sobre la FSSPX"

Tomo este artículo de blog "La Puerta de Damasco"  del R.P. Guillermo Juan Morado, que escribe para la Agencia de noticias católicas InfoCatólica. Me ha parecido muy interesante dado que plantea algunas cuestiones referentes a la FSSPX que muchos nos preguntamos; y a pesar de que el artículo no nos provee de respuestas afines -porque de hecho no las hay, más que especulaciones- sí nos da una idea del futuro que se abriría ante nosotros.

Algunas preguntas sobre la FSSPX
Estamos a la espera de lo que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X conteste a la oferta del papa Benedicto XVI. Han de suscribir, parece, un preámbulo doctrinal y han de llegar a un acuerdo sobre su regularización canónica.
Sobre este tema surgen, inevitablemente,esperanzas, dudas y también preguntas. No creo que hacerme eco de alguna de algunas de ellas interfiera negativamente en un proceso de unión que, de llegar a término, sería muy bueno para la FSSPX y también para el conjunto de la Iglesia.
Surgen esperanzas. Mons. Lefebvre y sus seguidores no han querido nunca dejar de formar parte de la Iglesia. Han querido y quieren ser miembros de la Iglesia Católica. La misma excomunión que se produjo en su día, por ordenar obispos sin mandato pontificio, no les ha llevado – a él y a los obispos consagrados – a elegir a otro papa ni a declarar vacante la sede de Pedro.
El mero hecho de que la FSSPX mantenga un contacto permanente con el Vaticano habla en el mismo sentido. Hay, sin duda, por ambas partes, un deseo y una voluntad de cerrar una herida que no beneficia en nada a la Fraternidad y que tampoco es buena para el conjunto de la Iglesia.
Surgen dudas. En cierto modo las mismas que, desde el comienzo, han acompañado esa andadura. Si yo no estoy mal informado, que puedo estarlo en este asunto, a Mons. Lefebvre le preocupaban, sobre todo, tres cosas: preservar la Misa de San Pío V, preservar la concepción que él tenía del sacerdocio católico y garantizar la continuidad de la Tradición.
El problema de la Misa está ya resuelto. No únicamente para los que formen parte de la Fraternidad sino para todos, más allá de las dificultades que pueda haber en la práctica. No solo el modo de celebrar la Misa, sino toda la liturgia vigente antes de la aprobación de los nuevos libros litúrgicos es ya – con pequeños matices - un derecho de todo fiel.
¿El sacerdocio? Si la FSSPX obtiene un reconocimiento canónico, no entramos ahora en cuál pueda ser, podrá ordenar a nuevos sacerdotes y podrá formarlos, más o menos, como ha venido haciéndolo hasta ahora.
¿La Tradición? Es probable que se le permita a la Fraternidad hacer una interpretación del concilio Vaticano II y del magisterio posterior que incida, sobre todo, en la continuidad con el magisterio precedente y que cuestione, si es el caso, las formulaciones más recientes. Es decir, que plantee si hay puntos menos claros o modos más adecuados de exponer la doctrina católica.
Hasta ahí, parece tolerable, si hay buena voluntad, que no debemos pensar que vaya a faltar. Pero yo tengo algunas preguntas en relación a cómo la FSSPX nos va a considerar en adelante al resto de los católicos. Sobre la Misa, ¿seremos sospechosos los sacerdotes que, de modo habitual, celebremos con el misal de Pablo VI o administremos los sacramentos según los libros litúrgicos reformados?
¿Habrá alguna duda sobre el carácter auténtico, y por tanto tradicional, del sacerdocio que hemos recibido quienes nos hemos ordenado después del concilio Vaticano II? ¿Podrán convivir, sin problemas, ellos y nosotros?
Y sobre la Tradición. Vale que presenten propuestas alternativas, que sugieran aclaraciones. Pero si un sacerdote, o un fiel católico no ordenado, defiende, en sus justos términos, el ecumenismo; se muestra dispuesto, sin renunciar a la verdad de la fe, a reconocer lo que de verdad puedan tener otras religiones; o, sencillamente, cree que el concilio Vaticano II - que no ha pretendido definir ningún dogma- es, sin embargo, un ejercicio del magisterio de la Iglesia, pues busca guiar hacia la comprensión de los misterios de la salvación, indicando los medios de la acción pastoral y tratando de aplicar de modo espiritual y vital el mensaje de la fe… ¿será reconocido por los miembros de la FSSPX como un fiel católico o no?
Lo prudente será dejar tiempo al tiempo. Dios dirá. Y nosotros también, si somos dóciles a la acción de Dios. En resumen, no hay problema en integrar plenamente, canónicamente, salvando lo esencial, en la catolicidad de la Iglesia a los seguidores de la FSSPX. ¿Será posible para ellos reconocer a los demás católicos como católicos? Esperemos que sí. 
Guillermo Juan Morado.

17 de septiembre de 2011

¿En qué crees?

Es posible constatar muchas veces que cuando le preguntamos a un niño, a un adolescente o incluso a un adulto -católico- en qué cree, solamente repite las vaguedades aprendidas alguna vez en el catecismo de preparación para la Primera Comunión o de lo que ha leído por ahí.
Un católico debe saber perfectamente en qué cree, por qué y para qué. El Catecismo nos recuerda (en su primera parte, al menos en su última edición) que el fiel católico tiene la obligación de profundizar en su Fe, perfeccionando así su devoción, su misma vida de fe y su camino a la santidad, a la cual está llamado.


Como siempre, recomiendo a los formadores y catequistas -que por alguna casualidad llegan a leer esto-, que vuelvan a los libros viejos, que son los mejores. Rescaten los Catecismos, los devocionarios, las Áncora de Salvación, y todo tipo de manuales y folletos sobre la Fe que encuentren. Por estos días, hay que reconocerlo, los manuales son escritos por vaya uno a saber quién, con contenidos extraños, dudosos e incluso -sin ánimo de escandalizar- con contenidos heréticos. ¿Acaso tienen miedo de decirle a un niño que Cristo es Rey y él súbdito? ¿Es acaso demasiado poco democrático para enseñarlo?

Antiguamente (y no hace más de 50-60 años) el Catecismo se enseñaba desde muy temprano y de memoria. Consistía en preguntas y respuestas que el niño aprendía al igual que las materias del colegio. Cada vez que avanzaba más, las preguntas eran más complejas, conforme al desarrollo intelectual del niño. Así pues, hoy día es posible preguntarle a los mayores sobre algún punto particular de la Fe y que ellos lo recuerden por aquel sistema. De todas maneras, el punto en sí no es que la gente aprenda de memoria el Catecismo, como si fueran poemas o versos para recitar. El objetivo es que tenga presente en el inconsciente la respuesta a la pregunta, y que cuanto más crezca y tenga capacidad de abstraer y reflexionar, pueda profundizar y preguntarse el por qué de esas respuestas que tiene en la cabeza. De esta forma, y unido estrechamente a los Sacramentos y a la vida de Fe, tendremos una sólida educación cristiana y católica.

Hoy en día los manuales de catequesis -al menos muchos de ellos- tienen preguntas sumamente básicas y respondidas de forma escueta e inconsistente, donde Jesús es mi amigo, y vamos juntos de la mano cantando y bailando al Cielo...


 Se recuerda fugazmente la existencia de los Sacramentos, con lujo de detalles en las formas y no en el sentido de la Fe (es decir, qué significa y qué obra en el cristiano, y cuál es su suma importancia en la vida de Fe); se habla solamente sobre la amistad y el amor y no se recuerda la naturaleza caída del hombre (es decir del pecado); la Misa es una celebración donde los fieles y el sacerdote se mezclan en torno a una fiesta que culmina con la comunión; etc.


 
Algunos ejemplos de lo que estoy hablando.
O incluso algunos como este, denominado "Catequesis urbana"... Según tenía entendido solamente existe una catequesis, no una para cada región geográfica, urbana o rural.


Incluso los catequistas con convenientemente adiestrados en estos usos con manuales para ellos, que la mayoría de las veces contiene más consejos pedagógicos para los niños que notas y consejos para que el mismo catequista reflexione y medite lo que él mismo está enseñando. Abundan los crucigramas, las sopas de letras, los acertijos y juegos para pasar más amenamente la aburrida clase de catequesis, que si no incluyera juegos y lápices de color para pintar a Jesús abrazando a la familia, no tendría sentido.
Para que quede claro. No estoy diciendo que Jesús no nos ama, ni que no vamos por él al Padre, ni que Jesús no está -o no debería estar- presente en nuestra familia. Ni que los niños no deberían jugar o pintar. Lo que quiero decir es que se desdibujan las Verdades de Fe y se traslucen en vagos elementos que el niño, cuando crezca, irremediablemente olvidará. Lo importante es que el niño aprenda y reconozca su Fe, y que por añadidura traslade este sentir, esa vida de Fe a todos sus ámbitos (incluyendo el arte, dibujando a Dios con su familia, etc.). Pero a no confundir los puntos.


Personalmente les recomiendo el Catecismo Mayor de San Pío X, que es sumamente claro y sintético, ideal para la enseñanza de todas las edades, y para la meditación y enriquecimiento de los mismos catequistas. Pueden encontrarlo (para consultas online) aquí y para descargarlo, aquí.



14 de septiembre de 2011

Fiesta de la Exaltación de la Cruz

ADORAMUS TE CHRISTE, ET BENEDÍCIMUS TIBI.
QUI PER CRUCEM TUAM REDIMISTI MUNDUM.



"Et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum." 
Io XII, 32

14-S, ¿decisivo?

Prosiguiendo con el último artículo publicado en vistas a la reunión de mañana, 14 de septiembre, en Roma, sería interesante elaborar un pequeño ensayo en relación a la FSSPX y a Roma.
[Nota de J.V.: este artículo fue primeramente escrito el 13 de septiembre, pero no fue publicado debido a problemas técnicos. Por tanto contiene algunas notas aclaratorias y actualizadas.]

Ya he hablad anteriormente sobre las posiciones "pro" y "en contra" de la regularización del status de la Fraternidad. Si bien las posiciones en sí son variadas y no pretendo cristalizar estas corrientes por su evidente dinamismo, aún es útil conocer las distintas categorías y sus respectivos parámetros (o límites) para comprender -mejor- el panorama que se nos presentará y que -Dios mediante- evolucionará crecientemente mañana.

Por empezar, y como ya he anticipado, la reunión de mañana podría no concluir en una oferta romana [N: hoy sabemos que se ha producido], aunque sería lo más esperable. Se puede acceder a diferentes entrevistas a Mons. Fellay en los últimos días (meses) y se puede concluir al leerlas todas y elaborar un panorama general, que el obispo no irá tras algo (un acuerdo, arreglo) que no le convenza totalmente. Existen, como se conoce, toda clase de presiones provenientes de la misma FSSPX, sin duda de las corrientes más recalcitrantes de sus filas (que abarcan desde sedevacantistas, "anarquistas clericales", etc.), que si bien no son mayoría, se hacen sentir, sobretodo en el ámbito del cyber-espacio. También tenemos una visible oposición -ante cualquier tentativa- de lo que estos sectores denominan "acuerdismo" con Roma; aquí participa activamente parte del mismo clero de la FSSPX, cuyo mayor exponente es sin duda Mons. Williamson, quien por cierto no ha favorecido demasiado a la imagen de la FSSPX en el mundo (tanto en el plano religioso como secular), y muchas veces en forma completamente innecesaria. Sus exclusivos "comentarios Eléison" (que solamente puede leer una reducida lista de lectores) dan fiel prueba de ello y han sido causantes de no pocos roces con su(s) superiores, dado que su muy particular doxología no siempre se atiene a la línea oficial que mantiene la FSSPX, y que en la mayoría de los casos traspasa.

Parece ser opinión general (tanto de directamente involucrados a ajenos completos al tema) que la eventual oferta de Roma no debería incluir ningún tipo de condición para la regularización de la Fraternidad. Esta opinión se basa en la fragilidad y paralela retinencia que presenta la Sociedad Sacerdotal en su "diálogo" (con Roma), y sobre todo frente a cuestiones que podnrían a futuro en una situación de potencial riesgo la integridad de la misma. ¿Que qué significa? Que quieren asegurarse -comprensiblemente- de que no les hagan aceptar forzosamente el CV II una vez "re-integrados"; o que una vez fallecido el Superior General les sea nombrado un obispo ajeno al ambiente -como en su momento propuso Juan Pablo II- y que ello conlleve sucesivos cambios estructurales en la Fraternidad; o tantos otros elementos que puedan afectarla tal cual se erige hoy. Muchos concuerdan en que cualquiera de los puntos anteriores llevaría a una nueva ruptura -y posteriores excomuniones. Y así mismo concuerdan también en que Roma no volvería a repetir la historia de Mons. Lefebvre.

La posibilidad de la oferta de mañana (ya fuera una prelatura personal, un ordinariato, etc.) es muy real.
Nota: ya el vocero del Vaticano, R.P. Lombardi, ha anunciado que podría tratarse de una prelatura personal internacional; sin embargo hay medios como Vatican Insider que hablan de un ordinariato similar al de los ex-anglicanos. Al parecer Mons. Fellay -si acepta la oferta- deberá firmar un preámbulo de dos hojas, muy breve, con las respuestas a los problemas doctrinales (básicamente sobre la libertad religiosa, el ecumenismo y eclesiología), que sería imprescindible para el reposicionamiento jurídico de la Fraternidad.
Se había especulado con una oferta sin condiciones que sería ciertamente muy difícil de rechazar (más aún, sería un gesto torpe hacerlo); con las condiciones actuales, sin embargo, Mons. Fellay deberá analizar la oferta con sus dos asistentes y concluir en una respuesta. El no firmar este documento llevaría probablemente a un cisma (con excomuniones varias) pero evidentemente Roma no quiere caer en esto. Por eso la idea de una oferta incondicional era lo más plausible. El hecho de que se quiera una unión perfecta entre la FSSPX y Roma no significa que Roma no vaya a poner sus puntos... Y esos puntos no son más que los contenidos (por malos o buenos que sean) de un Concilio Ecuménico (universal). Que se produjera un cisma sería un duro revés para los intentos de unidad de la Iglesia, tanto con la FSSPX como con otros grupos y sociedades fuera de la Iglesia (anglicanos, luteranos, ortodoxos, etc.), y más aún para futuras "discusiones" como las que se han mantenido hasta hoy.

Que la oferta conllevara condiciones significaría obstáculos, dada la firmeza sostenida por la FSSPX en no "negociar" algunos puntos sobre la Tradición, el Magisterio, etc. Esto no malo -ni mucho menos-, dado que representa una férrea defensa a la Fe, lo cual desgraciadamente se ha perdido en algunos rincones de la Iglesia. Sabemos hoy que la oferta tiene ciertas condiciones, por así llamarlas. Al respecto se mnisfiesta el diario francés Le Figaro:
Le Figaro está en capacidad de revelar que la Santa Sede podría, por primera vez, admitir que estos puntos abordados por los “integristas” [N. de J.V.: entiéndase por los "lefebvristas"] no son considerados como “esenciales” a la fe católica hasta el punto de dejar fuera de la Iglesia a aquellos que no los admiten. Y que solo será mantenida como fundamental la comunión con la Santa Sede sobre la que se funda la fe católica desde hace veinte siglos, y no sobre la interpretación del último concilio a la fecha.
Con respecto al futuro mismo de la FSSPX, es posible atisbar que ante una eventual re-incorporación jurídica una parte -no se sabe aún la proporción- abandonará finalmente la Sociedad Sacerotal, y que lo seguirá una parte -considerable, según algunas fuentes internas- del laicado. Por supuesto que esta parte del laicado es la que ha estado operando desde hace tiempo en los ambientes de actividad laical de la FSSPX con el objetivo (aunque disimulado, algunas veces) de desplazar lentamente a los fieles que siempre han deseado una pronta plena comunión con Roma tras el "malentendido" de Lefebvre. Éstos, creo yo, son los que verdaderamente siguen el genuino pensamiento de Mons. Lefebvre (luego explicaré por qué).

El antedicho grupo de presión integrado por los sectores bajos (que tienen poco que ver con la primitiva comunidad laical desarrollada en torno a la FSSPX de Lefebvre) y contingentes sedevacantistas han montado un aparato proselitista por medio del cual se han conseguido modificar y tergiversar (o sacar fuera de contexto) los dichos y el pensamiento genuino de Mons. Lefebvre, quien es sin duda el principal "ideólogo" de la FSSPX. Toda esta tramoya ha llegado al punto de crear una base falaz sobre la que a su vez se ha instalado una plataforma de "lucha" (en el peor sentido de la palabra) que ha torcido y exacerbado el rumbo original de la misma FSSPX y Lefebvre, al punto de cambiar o negar disimuladamente puntos que Lefebvre sostenía. Esta toxicidad ha invadido en forma progresiva a la FSSPX (y a menudo con la complicidad de partes de su clero) y ha desplazado a la feligresía que se mantenía fiel al verdadero pensamiento de Mons Lefebvre, que deseaban y desean una regularización jurídica de la Fraternidad y que se escandalizaban por los dichos de estas nuevas oleadas de desertores, rebeldes y de no pocos herejoides (y negadores del Papa).
[Puede observarse sobre todo la pesada maquinaria blogger que han montado en Internet; también se refleja esta actividad en sitios de información como Infocatólica, en el cual hoy, ante la noticia de la oferta vaticana, el director del sitio (Luis Fernando Pérez Bustamante) debió "cerrar" los comentarios "ante la avalancha de mensajes injuriosos por parte de los que siempre hacen lo mismo cada vez que sale una noticia con esta temática". Y agrega, con razón: "No tenemos ni tiempo ni ganas de andar moderándolos. Os vais a vuestras webs a decir lo que os apetezca. Aquí, no."].

Este grupo "de presión" está desesperado ante una Roma y una FSSPX conciliatorias, que en definitiva son los mismos que llamaron "traidores" a aquellos que luego conformarían la Administración Apostólica S.J.M. Vianney, el Instituto del Buen Pastor, etc. La desesperación viene por la intransigencia de la línea oficial de la FSSPX que gracias a Dios está dispuesta a dialogar y a lograr la perfecta comunión con la Iglesia; esto mismo los hace desesperar ante el peligro de perder el último bastión al que consideran "rebelde" ante la Santa Sede y que puede cobijar a los partisanos del sedevacantismo y a otros elementos "anti-romanos".

Este eventual hueco que dejen los "fieles-infieles" deberá ser re-llenado por los católicos que han sido desplazados, verdaderos fieles, y por las nuevas generaciones que habiendo crecido fuera de la FSSPX buscan en ella un depósito de la fiel Tradición y Magisterio de la Fe (tal como ha dicho en algunas oportunidades Mons. Fellay). Éstos serán probablemente los del "grupo 2", de acuerdo a la clasificación que utilicé en el artículo anterior, y que representan en "núcelo duro" y futuro de la Iglesia católica.

Desde luego, como han apuntado algunos, la perspectiva de la FSSPX re-integrada perfectamente a la Iglesia plantea un panorama nada fácil, con la presión de los sectores más liberales y progresistas -tanto de la sociedad como de la Iglesia misma. Nadie ha dicho que sea fácil, pero sí se ha dicho que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

+Pax et Bonum+

12 de septiembre de 2011

A dos días

A dos días del encuentro de Mons. Fellay, Superior General de la FSSPX con la Sante Sede en vistas a las conclusiones sobre las "discusiones" doctrinales que se mantuvieron hasta el momento.

Proliferan por la web, como siempre resalto, toda clase de opiniones al respecto, aunque generalmente se agrupan en tres tendencias, para hacerlo más claro.

  1. Los progresistas (católicos o no), están de acuerdo en un punto, al menos: dentro de la Iglesia católica no hay espacio para ellos -los de la FSSPX. Numerosos medios de corte liberal han lanzado sugestivos titulares cual consigna alarmante, entre ellos ACI Prensa y otros locales. Rechazan de lleno cualquier tentativa que logre unir a la Iglesia; uno de los argumentos en la decisión de no aceptar todo el contenido del Concilio Vaticano II, tal como resaltaron diversos medios.
  2. Los católicos que desean un status canónico para la FSSPX. Este grupo es de lo más variado. Son católicos conservadores (que aceptan la validez e igualdad del Novus Ordo frente a la Misa tridentina, pero que quieren contrarrestar el avance del progresismo modernista), los católicos tradicionales (que aceptan la validez del N.O. pero ven en la Misa tridentina el espejo y zenith de la más completa y pura Doctrina, Liturgia y Tradición de la Iglesia), los católicos tradicionalistas (afiliados o ex-afiliados a la FSSPX que ven la hora de una unión perfecta con Roma, aún cuando quedan incógnitas a resolver), y por último, católicos desinteresados (en cuestiones técnicas) que simplemente desean la unión plena, más allá de las diferencias y matices que puedan haber entre medio. Este último grupo a menudo es el más criticado por su aparente falta de compromiso con la cuestión tradicional, y son acusados de ser cómplices de ir tras las cuestiones políticas (entiéndase por el tema del status, de las legitimidades, de las jurisdicciones, etc.) y dejar de lado temas esenciales de la Fe (lo cual "no se negocia"). Probablemente sean ellos los que más oración y sacrificio hagan por ello.
  3. Los católicos y "católicos" en contra de la regularización estatal de la FSSPX (pero completamente opuestos a los del punto 1). Aquí se puede hablar de varios católicos de la FSSPX y de hombres de las filas sedevacantistas (que ven temerosamente en la FSSPX su último bastión organizado), en general. Lo que los caracteriza a menudo es un fanatismo desmedido -irracional, ilógico- que siempre versa sobre los mismos puntos aparentemente conflictivos entre los principios de la FSSPX y los de Roma. Muchos se adjudican la potestad y legado de la Iglesia católica en la FSSPX, mientras que Roma "está manejada por una secta" y es una Babilonia. Si hay un grupo de oposición más fuerte, será este. Pero de este punto voy a hablar en una entrada posterior.
Los únicos que van a estar contentos si sucede algo positivo, que no necesariamente puede llegar a ser una proposición, como muchos creen, aunque de por sí sería una excelente noticia, serán efectivamente los del punto 2. Ellos, creo yo, son la verdadera Iglesia. Esos católicos simples, de humildad, que encuentran a un Cristo inmolado hasta en la peor de las misas "nuevas" (me refiero a los accidentes, no a la sustancia, aclaro); esos que rezan por el amor y la paz, conceptos que hoy día parecen estúpidos o "ingenuos" para otros que debaten (sí, debaten, no es más que opinología), sobre la legitimidad del papa, o sobre si hay derecho o no a cambiar elementos, etc. Esos católicos conservadores y tradicionales también, que pelean cada día el buen combate de la Fe ("Certa bonum certamen fidei", 1Tim VI, 12) para dignificar y glorificar a Cristo, denunciado abusos litúrgicos, defendiendo la Tradición y la Fe de Cristo... Y también aquellos católicos de la FSSPX que de buen corazón aciertan en volver a estar abrazados estrechamente a Pedro, sin obstáculos por medio. Ese es el verdadero núcleo y futuro de nuestra Iglesia.

Dentro de cincuenta o cien años, cuando la Iglesia sea cada vez más perseguida, solamente permanecerán los fieles. Los verdaderos fieles a Cristo; los tibios y los que huyen ante los desastres humanos que ocurren dentro de la Iglesia militante a la primera oportunidad, no serán el futuro. La Misa "nueva", como le llaman algunos probablemente desaparecerá frente al uso excelso de la Misa tridentina (la llamada erróneamente "de siempre"). Los "errores" o incógnitas conciliares del CV II se resolverán con el tiempo; se dará por añadidura, porque es la Iglesia de Cristo. Y así las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.


+Pax et Bonum+

El Altar-

Lugar: St. Stephen's Chapel at the Anglican Cowley Fathers' complex in Oxford. Nota original en:
New Liturgical Movement (sitio altamente recomendable).
Cambios en la Capilla de San Esteban en el complejo de Oxford.

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El resultado es notable.

Y aquí les dejo un video que había posteado hace tiempo y que aún me sigue pareciendo agradable.