6 de diciembre de 2011

Mitos y críticas infundadas

Hace un tiempo di con un artículo sobre los "Cambios del Vaticano II" respecto de la "Asamblea y Presidencia"; es decir, en cuanto al rol del Sacerdote y del pueblo en la Santa Misa. Este artículo se encuentra publicado a la manera de "curso" en el sitio web de la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, España.

Me llamó mucho la atención una serie de críticas no solo a lo que llaman la "liturgia preconciliar", sino a la Santa Misa misma y a costumbres "preconciliares". Con un poco de bronca (entiéndase por enfado) por las críticas infundamentadas y bastante desubicadas decidí refutar cada uno de sus argumentos, aquí publicados.

El texto color marrón sobre fondo amarillo es el original. Debajo van mis notas.


Tema X.- Asamblea y presidencia

1) Los cambios del Vaticano II

El concilio supuso un verdadero terremoto litúrgico. Desde el Misal de San Pío V, predominó el inmovilismo; apenas hubo ninguna reforma durante cuatrocientos años. Sólo los que hemos conocido la liturgia preconciliar podemos entender y valorar los cambios increíbles que se produjeron.  

Desde luego que el último Concilio Ecuménico desencadenó un verdadero terremoto litúrgico, en el más profundo sentido del mismo. Los cambios fueron realmente increíbles (para ello se recomienda leer La Reforma Litúrgica del Rito Romano de Mons. Gamber). El concepto de “inmovilismo” es un neo logismo moderno que supone denunciar la falta de participación del pueblo en la Misa, confundiendo así el verdadero sentido de la Misa, en la cual es el Sacerdote quien ofrece un Sacrificio y no el pueblo, el cual se congrega en la iglesia para asistir al Milagro de la Presencia Real de Cristo en la Misa.

Con respecto al tema de las reformas en el rito, eso es bastante relativo. Ante todo, el rito es fruto de la Tradición de la Iglesia; partes de la Misa misma datan de la época de Cristo, y otras tantas fueron agregadas con el tiempo en consonancia con las costumbres y de la misma Tradición. No existe una intención de “reforma” de la Misa a menos que degenere o tienda a la herejía o a la confusión de los fieles (en el sentido Doctrinal), lo cual no era ni es en absoluto en el Rito Romano. 


Liturgias orientales, como la Divina Liturgia de San Basilio o la de San Juan Crisóstomo llevan más de 400 años sin una coma cambiada. 

Las reformas que se puedan hacer atienden a una ligera adaptación según los tiempos en que se viven, y solamente pueden afectar algunas partes de la Misa que pueden llegar a ser variables y que no modifican en nada el carácter propio de la Santa Misa (Ej: oraciones al pie del Altar, preces leoninas, último Evangelio, etc.). Tras la re-edición del Misal Romano en el año 1963 efectuada por el Beato Juan XXIII se quiso proceder a una ligera reforma del mismo, y se experimentó con el llamado Misal de 1965 que constituyó un bosquejo de lo que se podría llegar a cambiar en un futuro no muy lejano. Este Misal preservaba el Rito Romano en su integridad y modificaba algunos elementos variables (como la reducción de las oraciones al pie del Altar, quitaba la lectura del último Evangelio, permitía las lecturas en lengua vernácula, etc.). Finalmente este Misal fue desechado y un grupo de religiosos con ideas radicales (con origen en la Teología liberal) decidieron elaborar un Misal nuevo (por ello muchos le llaman “artificial”, entre ellos quien fuera por entonces el Cardenal Ratzinger) y que resultó en una deformación ritual que poco tenía que ver con lo anterior y que se resumía en un eclecticismo (reuniendo elementos re ritos antiguos, tales como el egipcio, el antiguo galicano) e imprimiendo en él una huella de primitivismo (idea típicamente Protestante) que además de ser errada en su aplicación, era lo que Pío XII había condenado como “arqueologismo”.



a).- La eucaristía preconciliar
Veamos una ligera descripción de cómo era la Eucaristía preconciliar.
1.- Las liturgias se tenían en un latín que nadie comprendía. El sacerdote leía todas las lecturas en latín y mirando hacia el retablo.

El latín podía ser fácilmente comprendido en los países latinos (de lengua romance). De todas maneras las lecturas, excepto el último Evangelio, se hacían cara al pueblo, incluso se cantaba (la Epístola) en las Misas Solemnes. El Evangelio se anunciaba desde un púlpito y muchas veces un asistente traducía a los feligreses.
De cualquier manera los fieles, especialmente en los últimos siglos, los usaban un misal personal donde accedían a todas las lecturas en lengua vernácula.

2.- Diversas Misas se celebraban a la vez en la misma iglesia, y la gente las iba siguiendo simultáneamente. En los teologados había multitud de altares en los coros. Se iban oyendo las campanillas de las sucesivas consagraciones.

En la Misa tradicional la concelebración no existe. Solamente un celebrante preside la Santa Misa; los demás participan desde el coro. Por ello, en los monasterios, seminarios, parroquias, etc., el cabildo o los Vicarios parroquiales celebraban Misa incluso simultáneamente en diferentes altares. Así podían tener la posibilidad de celebrar Misa todos. Esto claramente se hacía en los altares secundarios o laterales, mientras que el Altar Mayor se reservaba para la Misa con pueblo, o para la Misa dominical.
Por tanto los fieles no seguían celebraciones simultáneas, si no que asistían a una sola.

Altares laterales.

3.- Había la posibilidad de una misa de sesión continua, en la que uno podía cumplir el precepto dominical escuchando el final de una y el principio de otra con tal que no se separase la consagración de la comunión.

Esto es un error. Es verdad que mucha gente llegaba poco antes de la Consagración y se quedaba hasta la mitad de la Misa siguiente, tal como puede hacerse hoy en día (no es defecto de la Misa tradicional propia). Esto fue condenado en su tiempo y se afirmó que el precepto radicaba en una sola celebración continua.

4.- Mucha gente llegaba sistemáticamente al ofertorio y se marchaba antes del último evangelio. Con ello se quitaba importancia a la liturgia de la palabra, quizás porque era en latín.

Por entonces la “Liturgia de la Palabra” no existía. La enunciación de las lecturas y el Evangelio se hacían durante la Misa de los Catecúmenos, antes de pasar a la Misa de los Fieles. El “último Evangelio”, es decir, el principio del Evangelio de Juan se celebraba tras la Comunión (con lo cual no constituía parta de lo que hoy podría llamarse “Liturgia de la Palabra”); que fuera en la lengua sagrada del catolicismo no implica que ello fuera impedimento. Si los fieles se iban no era por ello; hoy día también se ve gente irse tras comulgar, sin la bendición final.

5.- Nunca jamás en toda su vida recibían los fieles cristianos el cáliz para la comunión bajo las dos especies.

La recepción de la Comunión bajo las dos Especies era y es reservada única y exclusivamente para el Sacerdote. Bajo condiciones extraordinarias podía y puede ser administrado a los fieles según las regulaciones eclesiásticas. Recordemos que en cada una de las dos Especies se encuentran contenidas las dos, con lo cual comulgar bajo una sola es equivalente a hacerlo con las dos (Concomitancia).

6.- La comunión se podía dar fuera de la misa. El sacerdote salía a dar la comunión antes o después de terminada la misa. Mucha gente a diario iba a la iglesia sólo a comulgar.

El Sacramento de la Eucaristía puede administrarse fuera de la Santa Misa, al igual que los demás. Es cierto que lo más propicio (sobre todo en domingo) es hacerlo durante la Santa Misa, pero ello no es excluyente de aquellos fieles que por una circunstancia particular no puedan acercarse a la iglesia (como enfermos, etc.). Con respecto a lo segundo, la Misa semanal no es preceptual (ni antes ni ahora), con lo cual los fieles pueden acercarse a comulgar sin haber presenciado las lecturas, la Consagración, etc.

7.- La comunión se recibía de rodillas en la reja del presbiterio, y siempre en la boca.

Se recibía de rodillas en la reja del presbiterio o en el comulgatorio. Sobre la forma de recibirla no hay nada para agregar. Es la forma más decorosa y digna de recibirla. Recibirla en la mano es un invento protestante (quienes no reconocen la Presencia Real de Cristo en la Hostia, si no una “presencia simbólica”), que se extendió erráticamente entre los católicos de los Países Bajos y que luego trascendió las fronteras. Es absolutamente condenable esta práctica.


8.- Las Misas eran de cara a la pared; el altar se asemeja más a un ara que la mesa de un banquete.

La Misa era (y debería serlo también en el Novus Ordo) celebrada ad Orientem. Sacerdote y pueblo rezaban juntos mirando hacia el Pantocrátor, hacia el Tabernáculo. El Altar es un ara, un altar, justamente y no una “mesa de banquete”, concepto erróneo surgido de la teología protestante en la cual se hace una “Cena del Señor” y no el Sacrificio de la Santa Misa.

Presbiterio tradicional con Altar en forma de ara.

Altar nuevo en forma de mesa.

9.- El culto a los santos oscurecía la centralidad del misterio de Jesucristo. En el calendario el número excesivo fiestas de los santos desfiguraban la naturaleza de los tiempos litúrgicos. En las iglesias se multiplicaban las imágenes con sus altarcitos, donde la gente satisfacía su piedad privada, con merma de las celebraciones comunitarias.

El culto a los Santos era y es recomendado especialmente por los Papas, por la Tradición y por el Magisterio de la Iglesia. Su devoción es animada y por ello se instituyeron a los largo de la historia su conmemoración en el calendario litúrgico. Estas prácticas NUNCA pueden oscurecer la centralidad de la Redención de Cristo (quienes lo hagan mal son herejes). Y esto no tiene que ver con la Santa Misa tradicional si no con algo privado.

Altar lateral y retablo con imágenes de Santos.

10.- Como no se entendía el latín, era costumbre rezar el rosario durante la Misa, o leer un libro piadoso. En algunos sitios había un predicador en el púlpito que predicaba durante toda la Misa, y solamente interrumpía un momento en la consagración, y luego continuaba.

Es un dato inexacto. Durante la Edad Media lo que recitaba el Sacerdote no se escuchaba en toda la iglesia (lo cual es lógico), con lo cual, mientras el Sacerdote celebraba la Misa, sobre todo el Canon, un Sacerdote subía al púlpito y predicaba el Catecismo. Otros rezaban el Rosario o tenían lecturas piadosas. Esto cambió posteriormente, cuando las iglesias fueron más pequeñas y los fieles asistían a la Misa con sus respectivos Misales y seguían (y siguen) sin inconvenientes todas las partes de la Misa.


11.- Se fomentaba la escrupulosidad de los sacerdotes que temían cometer cantidad de pecados mortales omitiendo palabras en el canon (cada palabra omitida = un pecado mortal).

La escrupulosidad del Sacerdote es sinónimo de dedicación y muchas veces de gran moralidad, incluso de santidad. El detalle sobre los pecados mortales es vago e inexacto; no obstante se debe hacer acordar que el Canon es sumamente importante (más aún en las Liturgias orientales) y por ello omitir palabras sería descuido, falta de atención, e irreverencia ante el Sacrificio que se está llevando a cabo. Es como el juez que lee mal una sentencia o un chef que lee mal una receta. Evidentemente en el caso de la Santa Misa, que es absolutamente más importante que los dos ejemplos anteriores, entonces la negligencia u omisión es más escandalosa.

12.- A muchos les angustiaba el pronunciar exactamente las palabras de la consagración que se consideraba como un conjuro mágico que dejaba de surtir efecto si se alteraba el sonido de alguna de sus letras.

Las palabras de la Consagración se encuentran escritas en letras mayúsculas en el Misal Romano, incluso en el Misal de los fieles. Si no se pronuncian o se pronuncian mal, no hay Consagración (Transubstanciación), al menos en lo que refiere a los ritos latinos. Es la esencia de la Misa y aquello que permanece por encima de todos los cambios que pueden variar incluso en el Canon.
Recordemos que en las liturgias orientales la Consagración se da a lo largo de todo el Canon (equivalente a la Plegaria Eucarística que culmina con la Doxología en el rito romano).


13.- Había una gran distancia física entre el presbiterio y los fieles, con grandes escalinatas o rejas de división.
Este detalle no tiene que ver exactamente con la Misa sino con la arquitectura propia. La división clara entre fieles y ordenados (diáconos, sacerdotes u obispos) radica en la naturaleza misma de que lo que se celebra y de quiénes lo celebran. Así como en el orden natural todos los hombres tenemos igual condición (somos hijos de Dios, hechos a imagen y semejanza de Cristo), tenemos también una condición especial en el orden sobrenatural. Porque aquellos que han recibido el Orden Sagrado en sus distintos grados poseen una condición diferencial de los laicos (seglares) que radica justamente en el Sacramento.
La división física entre fieles y clero indica justamente esa diferencia en el orden sobrenatural, de la misma manera que uno no sube a la tribuna del juez o no se coloca tras el volante del taxi, siendo estas tareas especiales para un juez o un taxista.


14.- Había un tabú a propósito de las especies eucarísticas que no se podían tocar por quien no estaba ordenado. Las sacristanas que tocaban los vasos sagrados vacíos con un guante.

No existe tal tabú. Todo católico sabe –o debería saberlo- que las Sagradas Especies (el Cuerpo y la Sangre de Cristo) son de naturaleza divina tras la Transubstanciación. Dios se sirve del Sacerdote para que en el pan y el vino se transubstancie el Cuerpo y la Sangre misma de Cristo, y solamente él (el Sacerdote) tiene esta atribución, que le viene conferida por el Orden Sagrado. Por tanto éste es el único que tiene la dignidad de tomar ambas especies con la mano desnuda. Los seglares (laicos) no han sido llamados por Dios para esto, con lo cual no están revestidos de potestad y dignidad para tomar en sus manos estas Especies; ¿o acaso alguno de ustedes es digno siquiera de desatar la sandalia del Señor? Entonces menos que menos vamos a tener contacto con Dios mismo hecho carne. Es sencillamente cuestión de respeto y adoración.
Y aquellos que sirvan el Altar (monaguillos, sacristanes, etc.), al no ser tampoco ministros ordenados, deben llevar los vasos sagrados (copones, etc.) con un velo humeral o paño de hombros, recordando que llevan a Cristo en sus manos.

15.- El sacerdote tenía un monopolio absoluto ejerciendo todos los ministerios durante la misa, salvo la pequeña ayuda de los niños acólitos que se limitaban a responder en latín y trasladar de sitio el misal o las vinajeras.

El Sacerdote es quien ofrece el Sacrificio de Cristo a Dios. Él es quien tiene la potestad que se le confiere por el Orden y quien administra los Sacramentos, y nadie más que él puede hacerlo, porque es el alter Christo. De tal manera que quien celebra la Misa es él, y no los acólitos, diáconos, los nuevos “Ministros Extraordinarios de la Eucaristía” (que son más ordinarios que los propios sacerdotes) o los “guías”. Los acólitos se limitan a ayudar al Sacerdote en el Sacrificio de la Misa (esa es su función y no otra), sin intervenir puesto que no están llamados a ello. Es como que un enfermero pretenda practicar neurocirugía en un paciente.

16.- Al sacerdote sólo le respondían los monaguillos, y no la asamblea. Nunca se establecía una diálogo real entre el presidente y la asamblea, ni siquiera en la respuesta “Et cum spiritu tuo”.

Esta crítica es inexacta. Ante todo la Misa no es un diálogo entre el Sacerdote y el pueblo sino un Sacrificio que ofrece el Sacerdote a Dios por la propiciación de sus deudas y las de los fieles. Antiguamente (alta Edad Media) es posible que solamente los monaguillos respondieran porque solamente ellos podían escuchar las palabras del Sacerdote, pero en las Misas de los últimos siglos los fieles seguían las oraciones de ambos (en las oraciones al pie del Altar, por ejemplo)  e incluso podían recitarlas al mismo tiempo. El uso del coro también debilita el argumento, pues era quien le respondía virtualmente al Sacerdote o interactuaba con el pueblo (en el Kyrie u otros ordinarios, por ejemplo). Quede claro que el concepto de “Misa dialogada” es erróneo (por lo menos desde el punto de vista aquí expuesto) y su invención no es mucho más antigua de la segunda década del siglo XX.

17.- El ayuno eucarístico, antes de la reforma de Pío XII, se observaba estrictamente desde las 12 de la noche del día anterior, con lo cual no había nunca Misas por la tarde, y en las Misas al final de la mañana casi no comulgaba nadie porque ya había desayunado todo el mundo.

Ciertamente. El Ayuno Eucarístico, algo tan olvidado estos días, comprendía un período de tiempo en el cual no se ingerían alimentos para respetar la Comunión. La Misa se celebraba temprano con lo cual no hacía falta quedar en ayunas toda la mañana.
Por un lado constituye una práctica de penitencia que nos ayuda a valorar mejor la Comunión propia. Aquellos que no podían por motivos de salud guardar el ayuno correspondiente pedían una dispensa al Sacerdote.

En las liturgias orientales sigue en vigencia el Ayuno Eucarístico desde el día anterior; por ello se realiza una suerte de “ágape” tras la Divina Liturgia, costumbre que en los ritos latinos se ha perdido.

18.- Había una absoluta falta de espontaneidad; cada gesto y palabra estaba dictado por el ritual sin que el celebrante pudiese improvisar ni alterar el más mínimo detalle. En ningún momento se sugerían formas o palabras opcionales. El ritualismo de unos gestos mecánicos acompañaba a unas palabras en un idioma ininteligible.

Hoy día pareciera que la Misa es una reunión social donde el Sacerdote “entretiene” a los fieles con su “creatividad personal”, lo cual está además favorecido por la forma versum populum con la que usualmente celebran la Misa (contra el pueblo). Al respecto dice el Santo Padre:

“La liturgia no es un show, no es un espectáculo. La liturgia no vive de sorpresas “simpáticas”, de ocurrencias “cautivadoras”, sino de repeticiones solemnes. No debe expresar la actualidad, el momento efímero, sino el misterio de lo sagrado. Muchos han pensado y dicho que la liturgia debe ser “hecha” por toda la comunidad, para que sea verdaderamente suya. Es ésta una visión que ha llevado a medir el “resultado” de la liturgia en términos de eficacia espectacular, de entretenimiento. De este modo se ha dispersado el propium litúrgico, que no proviene de lo que nosotros hacemos, sino del hecho de que aquí acontece Algo que todos nosotros juntos somos incapaces de hacer”

Es preciso oponerse más decididamente de lo que se ha hecho hasta el presente a la vulgaridad racionalista, a los discursos aproximativos, al infantilismo pastoral, que degradan la liturgia católica a un rango de tertulia de café y la rebajan a nivel de tebeo.

“Debemos recuperar la dimensión de lo sagrado en la Liturgia. La Liturgia no es festival, no es una reunión placentera. No tiene importancia, ni de lejos, que el sacerdote consiga llevar a cabo ideas sugestivas o elucubraciones imaginativas. La Liturgia es el hacerse presente del Dios tres veces santo entre nosotros, es la zarza ardiente, y es la Alianza de Dios con el hombre en Jesucristo, Muerto y Resucitado (…) Los hombres se sienten engañados cuando el misterio se convierte en diversión, cuando el actor principal en la Liturgia ya no es Dios vivo, sino el sacerdote o animador litúrgico”.

Creo que el texto es sumamente claro y que no hay nada más que agregar al respecto.
Sobre los cambios de hoy: los textos sobre la Misa del 69 dan una “libertad” bastante amplia sobre lo que el Sacerdote puede llegar a hacer durante la Misa, lo cual ha operado sobre la Liturgia particular de cada Sacerdote, desencadenando además –en algunos casos- graves abusos litúrgicos.

Vs.

19.- La teología de los sacramentos entendía el ex opere operato de un modo que minusvaloraba la intencionalidad de las personas y la comprensión.

Esta “crítica” es completamente infundada y con una argumentación totalmente descarada. Nunca existió tal “minusvaloración” de la “intencionalidad de las personas” y su comprensión. Sí había en cambio un gran respeto por ellos, a diferencia de hoy. La gente se confesaba regularmente y solamente comulgaba en estado de Gracia (se insistía mucho en este punto); hoy día es llamativa la proporción de parroquianos que comulgan con respecto a las de antes (¿Será falta de concientización sobre los Sacramentos? ¿Quién sabe?).


20.- Se perpetuaban las diferencias sociales en el culto, mediante puestos reservados en la iglesia para los ricos y notables que tenían sus propios reclinatorios en lugares reservados para ellos.

Antiguamente era común que los fieles más pudientes, o una familia en particular solventaran los gastos de su parroquia o que incluso mandaran construir una con sus propios fondos. Es muy posible que ello creara una cierta atmósfera de respeto a ellos, y que se les reservara un banco especial para la familia. No hay nada contrario a la fe en ello.

21.- Había sacramentos y funerales de primera, de segunda o de tercera, según el dinero que se pagase. Los de primera tenían más celebrantes, diácono y subdiácono, eran cantados, y en ellos se usaban ornamentos más lujosos, y el catafalco era más barroco.

Evidentemente según el prestigio social o el poder adquisitivo de la familia o del particular se harían diferentes las cosas. ¿Acaso hoy en día no sucede lo mismo? Los que tienen más dinero pueden contratar un organista, un coro, grandes flores, etc. Nada de ello –que no es obligación particular de la parroquia- es gratuito y alguien debe solventarlo. Además es lógico que la pompa que tuviera la muerte de un rey o un gobernador no sería la misma que la de un simple abogado o agricultor.

22.- La Eucaristía se entendía más como objeto de adoración que de manducación. Se trataba de mirar la Sagrada Forma en el momento de alzar, con la campanilla resonando y las genuflexiones. O la solemnidad de la Exposición solemne, al acabar la Misa. Entonces es cuando se encendían las velas, las luces. Ahora empieza lo importante.

La Eucaristía no es más que el mismísimo Cuerpo de Cristo. La Adoración Eucarística es una práctica sumamente recomendable y que da grandes frutos espirituales; limitar la Eucaristía a la Comunión solamente nos privaría entonces de este hermoso regalo de Dios que es contemplar a Jesús Sacramentado, Dios eterno e inmortal.

 

Durante la Misa (tanto en su forma ordinaria como extraordinaria) las elevaciones tienen como objeto que el pueblo pueda adorar a las Especies Sagradas. En la Comunión el gesto de arrodillarse implica también un gesto de adoración hacia la Hostia divina.


23.- El pueblo apenas cantaba en la Misa. Había un repertorio popular muy reducido. Normalmente se escuchaba a una schola de cantores profesionales que cantaban en latín, en canto polifónico. Se situaban atrás en el coro y no eran un fermento para animar al pueblo a cantar con ellos.

Es evidente que en la concepción “moderna” de algunos, la Misa es un diálogo en el cual el pueblo tiene que participar sí o sí para que se lleve a cabo. Esta concepción es completamente errada. El pueblo puede asistir a la Misa de tres formas: haciendo las oraciones del monaguillo, las del pueblo y siguiendo el Canon de la Misa, o haciendo solamente las oraciones del pueblo y el Canon, o simplemente orar en su interior sin tener una participación externa.
El pueblo cantaba cantos en lengua local, cantaba con el coro o incluso interactuaba con el coro. La schola cantorum desempeñaba papeles más específicos, especialmente en lo que atañía al propio de la Misa.


24.- Al no haber Misas por las tardes, había distintos tipos de actos, rosarios, novenas, sermones, actos eucarísticos… 

El rezo del Rosario es una práctica recomendada tanto por los Papas como por la misma Virgen María en sus apariciones (como las de Fátima, etc.). Hoy día es común ver que la comunidad parroquial reza el Rosario congregada en la iglesia antes o después de la Misa, que también se complementa con novenas u otras oraciones a los Santos. La Adoración Eucarística, etc., también se realiza regularmente. Que no hubiera Misas por la tarde atiende a una costumbre por ayuno, que se compensaba con actividades de devoción afines a la fe. Hoy día, en cambio, en algunas parroquias se ofrecen incluso actividades poco o nada que ver con la fe (yoga, etc.).

25.- No estaba institucionalizada una preparación catequética para los sacramentos (exceptuada la primera comunión). Bautismos, bodas, confirmaciones no venían precedidos por ningún tipo de cursillo.

Por lo general la gente era catequizada durante las homilías en los tiempos antiguos (alta y baja Edad Media, Renacimiento, etc.) sobre la Historia de la Salvación (ilustrada en los vitrales de las Catedrales) y sobre la vida de los Sacramentos. En aquellos tiempos los conocimientos de fe se sucedían en familia, de generación en generación. Es lógico que la preparación para la Primera Comunión fuera mucho más extensa que para los demás Sacramentos, teniendo en cuenta que la Eucaristía es el centro de la vida del fiel cristiano.
Agrego que el concepto de “cursillo” el algo muy moderno. En los últimos siglos la educación en las escuelas era religiosa, con lo cual la preparación para los Sacramentos, la Doctrina, etc., se aprendía de los maestros, quienes generalmente eran sacerdotes o hermanas.

4 comentarios:

  1. Es el clásico artículo preparado para engañar al que no lo ha conocido. Seguro que alguna autoridad eclesiástica española lo ha leído y lo ha puesto en práctica por acción o por omisión.

    Le agradezco su publicación.

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  2. Con artículo y anti artículo, se me hizo interesante esta lectura.
    En la mayoría de los casos concuerdo con vos, pero en algunas cosas no. Y me refiero a que, si no hubiese habido ninguna necesidad de cambiar las cosas, entonces no se habrían cambiado. Podrán haberse cambiado más de lo necesario, pero hay aseveraciones como "el latín podía ser fácilmente comprendido en los países latinos" que no comparto.
    En primer lugar porque el rito latino se esparció por lugares que no son latinos, y en las Filipinas el idioma es verdaderamente inentendible.
    En segundo lugar, porque el latín dio malos entendidos. Por ejemplo, la oración de San Bernardo hay una parte que se traduce comunmente como "haya sido abandonado de Vos". Es brutalizar la lengua castellana, la traducción correcta es "abandonado por Vos", y el cambio de preposición corresponde al complemento de agente latino.

    Con esto no quiero menospreciar al latín, al contrario, es un idioma hermoso y nos permite leer los textos oficiales de la Iglesia. Pero los vicios se hallan en ambos extremos: el latín no es una lengua inventada por Dios como consideran al árabe los mahometanos.
    Creo importante reconocer que el latín puede dar lugar a inconvenientes y malos entendidos, y en esos casos conviene más usar la lengua común del lugar. Parecerá poco el "de vos" o el "perdona nuestras deudas", pero la suma de muchas cosas pequeñas puede llevar a una cosa más grande.

    Lo mismo con respecto a los misales particulares, no hay que mitificar. Es cierto que existían, pero ¿los usaba al menos el 50% de los feligreses? No estoy seguro. En este la lengua vernácula permite que los fieles entiendan lo que está pasando, sin importar que sean pobres o analfabetos.



    Ahora hay que ver si fue peor el remedio que la enfermedad, entre "misas rockeras" y cristos revolucionarios ya no sé qué pensar.

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  3. Jerónimo, cómo te bancás estas cosas... ya leer un par de las "críticas" no aguanto.

    Y sí, justamente el otro día pensaba que fue una revolución... es increíble lo que se hizo.

    Algunas cosas que quiero comentar:

    - Hay liturgias orientales que tienen más de 400 años sin cambios, incluso 1500 años...

    - Si vamos al rezo del Rosario y otras preces durante la Misa, en el Catecismo Mayor de San Pío X (escrito por el mismo Santo Padre) dice que no impiden participar con fruto de la Santa Misa, siempre que se sigan los ritos de la Misa (no vale andar "distraído" rezando...)

    - Hay una deformación en la manera de entender la "liturgia de la palabra" actualmente: las lecturas son una ORACIÓN, QUE SE HACE A DIOS CON LA INTENCIÓN DE PREPARAR LAS ALMAS PARA EL SACRIFICIO QUE SE VA OFRECER. Como finalidad secundaria está la instrucción del pueblo. ¿Cómo se resalta eso en el rito tradicional? Pues las lecturas se hacen en el altar, de cara a Dios. Incluso en la Misa Solemne la Epístola se canta fuera del altar, pero mirando hacia él.
    En cambio en el Novus Ordo se da fácilmente esa ambigüedad que pone por encima de la oración a Dios la instrucción del pueblo. Si alguna vez se asistió a una Misa Nueva en que se canta el Evangelio se habrá podido notar eso: ¿se canta el Evangelio? ¿A quién se canta? ¿Para que el pueblo lo escuche más lindo? Esa es la ambigüedad, se canta para Dios pero se mira al pueblo... Lo mismo se da con esa manía de algunos curas de tener homilías diarias, aunque sean de cualquier cosa...

    - La doctrina que dice que ambas especies están presentes en una sola se llama concomitancia. Bajo las especies de pan, está el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad. No hay necesidad así de comulgar bajo las dos especies...

    - Sobre el punto 6, es verdad. Se acostumbraba en muchas iglesias Comunión - Misa (con Comunión) - Comunión... ¿y qué tendría de malo si se va a comulgar con las debidas disposiciones? Es más, en estos tiempos en que muchas personas tienen que andar de acá para allá todo el tiempo, con horarios muy apretados, podría ser una gran gracia para personas con ocupaciones que les impiden asistir a Misa diaria... Y esas comuniones eran con todo: Confiteor, Misereatur, Indulgentiam, Agnus Dei, de rodillas, Bendición...

    !!!

    Antoine

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  4. Al Sr. Anónimo segundo:

    Es evidente, como escribí al principio, que hay formas del Rito que pueden variar o cambiar de acuerdo a justificados usos o costumbres según pasa el tiempo. Por ello se procedió a reformar el Misal reeditado de 1963 con el "experimento" de 1965, que finalmente fue trágicamente desechado para innovar con el Novus Ordo Missae.

    Con respecto al latín, es un tema aparte. De hecho, comparado con los otros cambios, es casi anecdótico.
    A ese respecto, aclaro que lo que se intenta hacer es preservar la Tradición en el rito y mantener una universalidad en este aspecto (al menos en el Rito Romano); históricamente el Rito Romano es en latín, tal como el Rito Bizantino ruso es en eslavo antiguo o en arameo en el caso del Rito Maronita. Le aseguro que no soy un fanático irracional y comprendo su punto. De todas maneras... ¿está Ud. seguro de que, aún siendo en castellano la Santa Misa, Ud. la comprende cabalmente? Permítame servirme del beneficio de la duda.

    La cuestión de los misales es otro punto accidental. Analfabetos va a haber siempre, lamentablemente. Sin embargo por no poder entender la Misa nadie se condena; de hecho le aseguro que muchos de aquellos que no comprendían ni "Iesu" se han salvado igual.

    A Antoine: hay que conocer al contrario para derrotarlo. Sonará duro, pero es así, más aún sabiendo a qué nos enfrentamos.
    Este blog surge de la idea de contribuir a la formación de los fieles católicos, tarea muy menospreciada hoy día. Una de esas contribuciones es la de enseñar la Verdad, y consecuentemente de denunciar la mentira. Por eso me "banqué" leerlo; más aún si es lo que se enseña en una Universidad Pontificia.

    Con respecto a las Liturgias orientales, muchísimos de sus elementos se remontan a los mismos Padres Apostólicos, sobre todo en la Tradición griega, copta, alejandrina, etc.

    Espero que haya servido este artículo. Hay más puntos críticos en el sitio que quizás desarrolle en el futuro, para seguir luchando contra la "confusión generalizada" -por llamarlo así.

    +Pax et Bonum+

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