10 de junio de 2011

Acerca de los objetos sagrados

He recibido tu mensaje, Servidores del Altar, y con mucho gusto responderé tus inquietudes, a saber (y aclarando para los demás lectores):

Sería usted tan amable de enviarme los nombres y una descripción de cada uno de los objetos que se encuentran en la foto que publica en la imágen cuya ruta es: http://www.unavocesevilla.info/objetos.jpg ya que varios objetos de allí no están descriptos como los n1 12 - 16 - 17 entre otros.
Los elementos a los que te refieres son:
Nº1 - Esta figura hace referencia probablemente al Manutergio, que es el paño que utiliza el Sacerdote para secarse las yemas de los dedos luego de lavarse las manos (Nº8 abajo).


Nº12 - La cucharilla (Nº12 en el anterior y Nº3 arriba) se utiliza para introducir las gotas de agua en el Cáliz. Algunos Sacerdotes la siguen utilizando por delicadeza.
También podría ser la cucharilla utilizada para impartir la Santa Comunión, aunque se ha dejado de utilizar y es prepoderantemente utilizada en los Ritos Orientales.
Al respecto, me gustaría destacar que en el Ordo Romanus XV de Pedro Amelio, está precisamente la que quizá sea la única rúbrica existente sobre la cucharilla que nos ocupa: “post aquae benedictionem ponit cum cochleari tres gusttas aquae”. No fue recogida por las rúbricas del Misal de San Pío V, ni por el Caeremoniale y uso quedó por tanto tan sólo sujeto a la costumbre, si bien un decreto tardío de seis de febrero de 1858 aclara a los más escrupulosos que usum parvi cochlearis non esse prohibitum.


Imagen
Beato S.S. Juan Pablo P.P. II administrando la comunión con cucharilla durante una celebración de la Santa Misa según el Rito Bizantino (ucraniano)

De paso agrego el Vaso de Abluciones (Nº7 arriba) que ya casi no se utiliza; antiguamente con él se limpiaba las yemas de los dedos el Sacerdote luego de impartir la Eucaristía. Si quiere más información de las abluciones en la Misa puede consultar aquí.

Nº3 - No lo he incluido en la descripción; se trata del atril del Misal Romano que se utiliza encima del Altar, dependiendo su posición según la forma del Rito.


Nº5 - Aunque está nombrado entre los paños no he aclarado la referencia numérica. Se trata del Palia (o Hijuela en algunos lugares), aquel paño que es usado para cubrir el Cáliz durante la Misa y proteger su contenido.

Secuencia (abajo) de la preparación del Cáliz.

Nº 13 - Fe de erratas: NO se trata de una umbella, aunque sí tiene la función de cobijar el traslado del Santísimo.
La umbella o mejor llamado conopeo se trata de la insignia ponitifical que ostentan las basílicas -junto con el tintinabulo- por su dignidad. Cuando el Sumo Pontífice visitaba una basílica, el conopeo era abierto encima de la Cátedra.

Conopeo y tintinábulo.

Insignias pontificias llevadas en procesión.

Nº 16 - Es el denominado platillo, o simplemente patena (no confundir con la Patena que permanece siempre en el Altar) sostenida por un monaguillo o ministro asistente en la Comunión para evitar la eventual caída de partículas al suelo. Se sostiene de costado, posicionándola frente al Copón y haciendo el recorrido que hará la Hostia desde el mismo hasta la boca del fiel para evitar cualquier instante en que pudiera caerse Aquella.

Ejemplo del platillo utilizado en la Comunión.

Nº 17 - Es posible que se trate del lavabo que utiliza el monaguillo o ministro asistente con el que se lava las manos el Sacerdote.

Monaguillo asistiendo al Sacerdote. En la mando izquierda sujeta el lavabo y en el antebrazo cuelga el manutergio; con la derecha sujeta la jarra.

Espero haberte aclarado las dudas y siempre es un placer el ayudar a conocer mejor los elementos de la Santa Misa. Si tienes más preguntas no dudes en comunicarte conmigo, responderé a la brevedad y con la mayor precisión posible, todo ad majorem Dei Gloriam!

+Pax et Bonum +

9 de junio de 2011

Entrevista con Mons. Guido Pozzo

[Presentamos] la traducción al español de una entrevista concedida por Mons. Guido Pozzo, Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, a Nouvelles de France y traducida al italiano por el blog Messainlatino.

Mons. Guido Pozzo.

Monseñor, ¿cuál es el objetivo del Motu proprio Summorum Pontificum?

El Motu proprio Summorum Pontificum quiere ofrecer a todos los fieles católicos la liturgia romana, en el usus antiquior, considerándolo como un tesoro precioso que debe ser conservado. A tal fin, busca garantizar y asegurar a todos aquellos que lo piden el uso de la forma extraordinaria así como promover la unidad y la reconciliación en la Iglesia.

¿Por qué este éxito de la Misa de San Pío V entre los jóvenes católicos?

Pienso que el recogimiento interior, el significado de la Misa como sacrificio, es particularmente valorizado por la forma extraordinaria. Esto explica, en parte, el aumento del número de fieles que la reclaman.

La carta del Papa que acompaña el Motu proprio indica que ha habido un aumento del número de fieles que pide el uso de la forma extraordinaria. ¿Cuál es la razón, en su opinión?

La carta de acompañamiento del Motu proprio presenta los motivos y las explicaciones que aclaran el objetivo y el significado del Motu proprio. Es esencial notar que ambas formas del único rito romano se enriquecen mutuamente y deben, por lo tanto, ser consideradas complementarias. El restablecimiento del usus antiquior del Misal romano con su marco normativo propio se ha debido a un aumento en los pedidos provenientes de los fieles que desean participar en la celebración de la Santa Misa en la forma extraordinaria. Se trata, esencialmente, de respetar y valorar un particular interés de algunos fieles por la Tradición y por la riqueza del patrimonio litúrgico puesto en evidencia por el rito romano antiguo. Es interesante que esta sensibilidad esté presente también en las jóvenes generaciones, es decir, entre aquellos que no habían sido precedentemente formados en este tipo de liturgia.

Se dice que los movimientos tradicionales suscitan más vocaciones que en otros lugares. ¿Es cierto? Y si lo es, ¿por qué?

Movimientos y Seminarios tradicionales (FSSPX, FSSP, IBP, etc.)

En los institutos que dependen de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei y siguen las formas litúrgicas y disciplinares de la Tradición, hay un aumento de las vocaciones sacerdotales y de vocaciones a la vida religiosa. Sin embargo, pienso que un resurgimiento de las vocaciones sacerdotales se encuentra también en los seminarios. Sobre todo allí donde se brinda una formación y una educación al ministerio sacerdotal y a una vida espiritual seria y rigurosa, sin rebajas frente a la secularización, que lamentablemente ha entrado en la mentalidad y en las formas de vida de algunos clérigos e incluso de algunos seminarios. Ésta es, en mi opinión, la causa principal de la crisis de las vocaciones al sacerdocio, crisis de calidad más que de cantidad. Presentar la figura del sacerdote en su identidad profunda, como ministro de lo sagrado, como alter Christus, como guía espiritual del pueblo de Dios, como aquel que celebra el sacrificio de la Santa Misa y perdona los pecados en el sacramento de la Confesión, actuando in persona Christi capitis: esa es la condición esencial para la creación de una pastoral vocacional que sea fructuosa y permita el resurgimiento de las vocaciones al sacerdocio ministerial.

¿Sabe si el Papa está satisfecho con la aplicación del Motu proprio?

La Pontificia Comisión Ecclesia Dei mantiene constantemente informado al Santo Padre sobre la evolución de la aplicación del Motu Proprio y sobre el aumento de su recepción, a pesar de las dificultades que vemos aquí o allá.

¿Cuáles son las dificultades prácticas de aplicación que encontráis?

Hay todavía resistencia por parte de algunos obispos y miembros del clero que no hacen suficientemente accesible la Misa tridentina.

La Instrucción Universae Ecclesiae parece impulsar todavía más la celebración de la forma extraordinaria. ¿Es así?

La Instrucción está destinada a contribuir a aplicar aún más eficaz y correctamente las directivas del Motu proprio. Ofrece algunas aclaraciones normativas y algunas clarificaciones de aspectos importantes para la aplicación práctica.

Se tiene la impresión de que es principalmente en Francia donde las reacciones son más epidérmicas sobre este tema. En su opinión, ¿cuál es la razón de esto?

Tal vez es demasiado pronto para dar una valoración suficientemente completa de las reacciones a la Instrucción, y esto vale no sólo para Francia. Pero me parece que, pensando en la situación de la Iglesia en Francia, se debería tomar en consideración el hecho de que hay una tendencia a polarizar y radicalizar los juicios y las convicciones en esta materia. Esto no favorece una buena comprensión y una recepción auténtica del documento. Es necesario, más bien, superar una visión principalmente emotiva y sentimental. Se trata – y es un deber – de recuperar el principio de la unidad de la liturgia, que justifica precisamente la existencia de dos formas, ambas legítimas, que no deben nunca ser vistas en oposición o en alternativa. La forma extraordinaria no es un retorno al pasado y no debe ser entendida como un poner en discusión la reforma litúrgica querida por el Vaticano II. Del mismo modo, la forma ordinaria no es una ruptura con el pasado, sino su desarrollo, al menos en algunos aspectos.

“Solicitud de los Sumos Pontífices” e “Iglesia universal” son los respectivos títulos del Motu proprio y de su Instrucción. ¿Esto significa que el objetivo es la reconciliación con los “tradicionalistas”?

La Instrucción, como dije al comienzo, busca promover la unidad y la reconciliación en la Iglesia. El término “tradicionalista” es, con frecuencia, una fórmula genérica utilizada para definir cosas muy distintas. Si por “tradicionalistas” se entiende a los católicos que reafirman con fuerza la integridad del patrimonio doctrinal, litúrgico y cultural de la fe y de la tradición católica, es claro que ellos encontrarán consuelo y apoyo en la Instrucción. El término “tradicionalista” puede, además, ser interpretado de modo diverso y designar a aquel que hace un uso ideológico de la Tradición para oponer la Iglesia de antes del Concilio Vaticano II y la Iglesia del Vaticano II, que se habría alejado de la Tradición. Las desviaciones doctrinales y las deformaciones litúrgicas que se han verificado después del final del Concilio Vaticano II no tienen ningún fundamento objetivo en los documentos conciliares comprendidos en el conjunto de la doctrina católica. Las frases o las expresiones de los textos conciliares no pueden y no deben ser aisladas o separadas, por así decir, del contexto general de la doctrina católica. Lamentablemente, estas desviaciones doctrinales y estos abusos en la aplicación práctica de la reforma litúrgica constituyen el pretexto de este “tradicionalismo ideológico” que hace rechazar el Concilio. Tal pretexto se basa en un prejuicio infundado. Es claro que hoy ya no es suficiente repetir el dato conciliar, sino que se debe al mismo tiempo refutar las desviaciones e interpretaciones erróneas que pretenden basarse en la enseñanza conciliar. Esto vale también para la liturgia. Es la dificultad a la que debemos hacer frente hoy.

Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la santa misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor supremo de la Iglesia universal” (Instrucción Universae Ecclesiae, § 19). ¿Esta norma afecta a la Fraternidad de San Pío X?

El artículo de la Instrucción al que hace referencia concierne a determinados grupos de fieles que consideran o postulan una antítesis entre el Misal de 1962 y el de Pablo VI, y que piensan que el rito promulgado por Pablo VI para la celebración del Sacrificio de la Santa Misa es dañino para los fieles. Debo precisar que se debe distinguir claramente el rito y el Misal como tal, celebrado según las normas, y una cierta comprensión y aplicación de la reforma litúrgica caracterizada por ambigüedades, deformaciones doctrinales, abusos y banalizaciones, fenómenos lamentablemente bastante difundidos que han llevado al cardenal J. Ratzinger a hablar sin titubeos, en una de sus publicaciones, de “derrumbamiento de la liturgia”. Sería injusto y equivocado atribuir la causa de tal colapso al Misal reformado. Al mismo tiempo, se debe acoger la enseñanza y la disciplina que el Papa Benedicto XVI nos ha dado en su carta apostólica Summorum Pontificum para restaurar la forma extraordinaria del rito romano antiguo, y seguir el modo ejemplar con que el Papa celebra la Santa Misa en la forma ordinaria en San Pedro, en sus visitas pastorales y en sus viajes apostólicos.

¿Aún hoy piensa que la enseñanza del Concilio no es aplicada correctamente?

En el conjunto, lamentablemente sí. Hay situaciones complejas en las que se constata que la enseñanza del Concilio no ha sido todavía comprendida. Se practica todavía una hermenéutica de la discontinuidad respecto a la Tradición.

Benedicto XVI parece estar muy atento a la liturgia en su pontificado, ¿verdad?
Es absolutamente cierto, pero la precisión que hice concernía sobre todo a los grupos que piensan que hay una oposición entre los dos Misales.

¿La Fraternidad San Pío X reconoce este Misal cómo válido y lícito?

Eso habría que preguntárselo a la Fraternidad San Pío X.

¿El Santo Padre desea que la Fraternidad San Pío X se reconcilie con Roma?

Ciertamente. La carta de levantamiento de las excomuniones de los cuatro obispos ilícitamente consagrados por el Arzobispo Lefebvre es la expresión del deseo del Santo Padre de promover la reconciliación de la Fraternidad San Pío X con la Santa Sede.

El contenido de las discusiones que se llevan a cabo entre Roma y la Fraternidad San Pío X es secreto, ¿pero sobre qué puntos y de qué modo se desarrollan?

El nudo esencial es de carácter doctrinal. Para alcanzar la genuina reconciliación, se deben superar algunas cuestiones doctrinales que están en la base de la fractura actual. En los diálogos en curso, se confrontan argumentos entre los expertos elegidos por la Fraternidad San Pío X y los expertos elegidos por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Al final, se preparan síntesis conclusivas, que resumen las posiciones expresadas por las dos partes. Los temas discutidos son conocidos: el primado y la colegialidad episcopal; la relación entre la Iglesia católica y las confesiones cristianas no católicas; la libertad religiosa; el Misal de Pablo VI. Al final de los coloquios, los resultados de las discusiones serán presentados a las respectivas instancias autorizadas para una valoración global.

Parece inconcebible que pueda haber una puesta en discusión del Concilio Vaticano II. ¿Entonces en qué pueden centrarse estas discusiones? ¿En una mejor comprensión del mismo?

Se trata de la clarificación de puntos por aclarar que precisan el significado exacto de la enseñanza del Concilio. Esto es lo que el Santo Padre ha comenzado a hacer el 22 de diciembre de 2005, comprendiendo el Concilio en una hermenéutica de la renovación en la continuidad. Sin embargo, hay algunas objeciones de la Fraternidad San Pío X que tienen sentido, porque ha habido una interpretación de ruptura. El objetivo es mostrar la necesidad de interpretar el Concilio en la continuidad de la Tradición de la Iglesia.

El Cardenal Ratzinger ha sido responsable de las discusiones cerca de 20 años atrás. ¿Continúa siguiendo su desarrollo ahora que es Papa?

En primer lugar, el rol del secretario es el de organizar y garantizar el correcto desarrollo de las discusiones. La valoración de éstas compete al Santo Padre, que sigue las discusiones, con el cardenal Levada, está informado de ellas y da su parecer. Lo mismo ocurre en todos los otros puntos que afronta la Congregación.

Fuente: Messainlatino
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

8 de junio de 2011

Sacerdote ex anglicano habla sobre conversiones

Pone acento en la necesidad de la reordenación y advierte contra quienes desean abolir el celibato

El anuncio de la Santa Sede sobre la creación de Ordinariatos Personales para acoger a los feligreses y clérigos anglicanos, no es una puerta abierta para los ex sacerdotes católicos que abandonaron el estado clerical para casarse ni tampoco permite que los sacerdotes en funciones contraigan matrimonio, explicó un prestigioso teólogo católico estadounidense convertido del anglicanismo.

El padre George Rutler, que durante nueve años fue sacerdote episcopaliano –miembro de la comunión anglicana-, se convirtió al catolicismo y fue ordenado sacerdote católico. Escribió más de 14 libros de teología, tiene un programa televisivo en el canal católico EWTN y es párroco en Nueva York.

R.P. George Rutler

En declaraciones a la agencia “Catholic News Agency”, el experto lamentó que la prensa "siempre sensacionalista y desinformada en temas de religión", se concentre en la admisión de sacerdotes anglicanos casados en el seno de la Iglesia.

Para ejercer el ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica, "estos sacerdotes anglicanos casados deberán ser ordenados completa y válidamente por un obispo católico. Siguiendo la costumbre ortodoxa, ellos han podido casarse solo antes de la ordenación anglicana y no después. Y ningún hombre casado podrá acceder al episcopado", explicó el padre Rutler aclarando que la Iglesia tampoco está abriendo una puerta a aquellos ex sacerdotes católicos que abandonaron el estado clerical y contrajeron matrimonio.

Además, señaló que "los obispos anglicanos que se unan a los ordinariatos (católicos) ya no serán reconocidos como obispos. Por una concesión especial, los obispos anglicanos tendrán cierto derecho de autoridad pastoral, pero no serán obispos".

Según el sacerdote, con esta pobre cobertura periodística se pierde de vista "el punto más importante": "El anuncio de la Santa Sede reitera la insistencia de la Iglesia Católica en que las sagradas órdenes anglicanas son inválidas, y en consecuencia también su eucaristía".

Para el padre Rutler, habrá que ver cuántos anglicanos (episcopalianos en los Estados Unidos) serán recibidos en la Iglesia Católica bajo estas condiciones, pero el anuncio confirma "la rápida desintegración del anglicanismo al menos en Occidente y reta radicalmente a los anglicanos en otras partes del mundo".

El experto consideró que los pedidos masivos de ingreso a la Iglesia Católica, son "una bofetada al anglicanismo liberal y un repudio total de la ordenación de mujeres, al “matrimonio” homosexual y al descuido general de la doctrina en el anglicanismo. De hecho, se trata de un rechazo definitivo del anglicanismo".


"Básicamente, el anglicanismo se interpreta como un patrimonio espiritual basado en la tradición étnica en lugar de la doctrina sustancial y deja en claro que no es una iglesia histórica, sino más bien una comunidad eclesial, que se desvió y ahora es invitada a regresar a la comunión con el Papa como Sucesor de Pedro", indicó.

También destacó el cuidado del anuncio en el Vaticano, realizado en simultáneo con una conferencia de prensa del arzobispo católico de Westminster y el arzobispo anglicano de Canterbury (ver foto) en la que dijeron que la próxima constitución reconoce el patrimonio espiritual del anglicanismo y que el diálogo ecuménico sigue adelante.


El arzobispo anglicano de Canterbury Rowan Williams y
el Arzobispo de Westminster Vincent Nichols

Aumenta número de anglicanos convertidos

Información de agencia Notimex, Jun-07-2011.

Ciudad del Vaticano, 7 Jun (Notimex).- El Vaticano coordinará en los próximos días una serie de celebraciones con las cuales se hará oficial el pasaje de decenas de fieles anglicanos a las filas del catolicismo.

Con motivo de la celebración del Pentecostés, el 12 de junio, unos 60 ex pastores anglicanos de Reino Unido serán ordenados como sacerdotes católicos y servirán en el "ordinariado" personal de Nuestra Señora de Walsingham, una estructura creada para ellos.

Nuestra Señora de Walsingham

De ellos, siete fueron ya ordenados por el Arzobispo londinense de Southwark, Mons. Peter Smith, el sábado pasado y otros cinco recibirán el Orden Sagrado el próximo viernes en la Catedral de Westminster de manos del Arzobispo Primado de Reino Unido, Mons. Vincent Nichols.

Mons. Peter Smith

Mons. Vincent Nichols

Esas "conversiones" están previstas en la constitución apostólica "Anglicanorum Coetibus", emanada por el Papa Benedicto XVI el 4 de noviembre de 2010, según la cual la Iglesia católica se mostró disponible a recibir en su seno a los antiguos anglicanos.

Ese documento facilitó los trámites para el paso al catolicismo de grupos enteros de anglicanos, incluidos obispos y sacerdotes, algunos de ellos casados y con hijos.

Además estableció la posibilidad de crear los ordinariatos, estructuras similares a las Diócesis católicas en las cuales existe un responsable, que puede ser obispo o no, así como varias parroquias, sacerdotes, seminaristas y fieles ex anglicanos.

Esa fórmula permitió también que, a pesar de integrarse al catolicismo, los anglicanos puedan mantener intactas muchas costumbres y tradiciones litúrgicas que practicaban cuando formaban parte de la Iglesia de Inglaterra.

La normas emanadas del "Anglicanorum Coetibus" fueron aprovechadas por los fieles de una iglesia episcopaliana de Bladensburg (Maryland, Estados Unidos), los cuales decidieron convertirse en bloque al catolicismo, según anunciaron esta semana.

Se trata de la parroquia de San Lucas, fundada en 1895, cuyos miembros (más de 100) serán acogidos en la Iglesia católica si bien se funde un "ordinariado" para Estados Unidos, que sería el segundo luego de Nuestra Señora de Walsingham en Reino Unido.

La decisión de los anglicanos de regresar al catolicismo ha sido la respuesta a una serie de cambios adoptados por la Iglesia de Inglaterra que incluyen la ordenación sacerdotal de homosexuales y mujeres así como la bendición de las parejas formadas por personas del mismo sexo.

1 de junio de 2011

El Crucifijo en el Altar

El crucifijo en el centro del altar en la Misa “hacia el pueblo”



Columna de teología litúrgica dirigida por Mauro Gagliardi
Por Mauro Gagliardi

ROMA, jueves 24 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Desde tiempos remotos, la Iglesia estableció signos sensibles que ayudaran a los fieles a elevar el alma a Dios. El Concilio de Trento, refiriéndose en particular a la Santa Misa, motivó esta costumbre recordando que “Como la naturaleza humana es tal que sin los apoyos externos no puede fácilmente levantarse a la meditación de las cosas divinas, por eso la piadosa madre Iglesia instituyó determinados ritos [...] con el fin de encarecer la majestad de tan grande sacrificio [la Eucaristía] e introducir las mentes de los fieles, por estos signos visibles de religión y piedad, a la contemplación de las altísimas realidades que en este sacrificio están ocultas” (DS 1746).

El Concilio de Trento (1545-1563)

Uno de los signos más antiguos consiste en volverse hacia oriente para rezar. Oriente es símbolo de Cristo, el Sol de justicia. “Erik Peterson ha demostrado la estrecha conexión entre la oración hacia oriente y la cruz, conexión evidente como muy tarde en el periodo constantiniano. [...] Entre los cristianos se difundió la costumbre de indicar la dirección de la oración con una cruz sobre la pared oriental en el ábside de las basílicas, pero también en las habitaciones privadas, por ejemplo, de monjes y eremitas” (U.M. Lang, Rivolti al Signore, Siena 2006, p. 32).


“Si se nos pregunta hacia dónde miraban el sacerdote y los fieles durante la oración, la respuesta debe ser: ¡a lo alto, hacia el ábside! La comunidad orante durante la oración no miraba, de hecho, adelante al Altar o a la Cátedra, sino que elevaba a lo alto las manos y los ojos. Así el ábside llegó a ser el elemento más importante de la decoración de la iglesia, en el momento más íntimo y santo de la actuación litúrgica, la oración” (S. Heid, Gebetshaltung und Ostung in frühchristlicher Zeit, Rivista di Archeologia Cristiana 82 [2006], p. 369). Cuando, por tanto, se encuentra representado en el ábside Cristo entre los apóstoles y los mártires, no se trata sólo de una representación, sino más bien de una epifanía ante la comunidad orante. La comunidad entonces “elevaba las manos y los ojos 'al cielo'”, miraba concretamente a Cristo en el mosaico absidial y hablaba con él, le rezaba. Evidentemente, Cristo estaba así directamente presente en la imagen. Dado que el ábside era el punto de convergencia de la mirada orante, el arte proporcionaba lo que el orante necesitaba: el Cielo, desde el que el Hijo de Dios se mostraba a la comunidad como desde una tribuna” (ibid., p. 370).


Por tanto, “rezar y orar para los cristianos de la antigüedad tardía formaba un todo. El orante quería no sólo hablar, sino esperaba también ver. Si en el ábside se mostraba de modo maravilloso una cruz celeste o a Cristo en su gloria celeste, entonces por eso mismo el orante que miraba hacia lo alto podía ver exactamente esto: que el Cielo se abría para él y que Cristo se le mostraba” (ibid., p. 374).


El Crucifijo en el centro del altar en la Misa “hacia el pueblo”

De los anteriores apuntes históricos, se deduce que la liturgia no se comprende verdaderamente si se la imagina principalmente como un diálogo entre el Sacerdote y los fieles ("asamblea"). No podemos aquí entrar en los detalles: nos limitamos a decir que la celebración de la Santa Misa “hacia el pueblo” es un concepto que entró a formar parte de la mentalidad cristiana sólo en la época moderna, como lo han demostrado estudios serios y lo reafirmó Benedicto XVI: “La idea de que sacerdote y pueblo en la oración deberían mirarse recíprocamente nació sólo en la época moderna y es completamente extraña a la cristiandad antigua. De hecho, sacerdote y pueblo no dirigen uno al otro su oración, sino que juntos la dirigen al único Señor” (Teología de la Liturgia, Ciudad del Vaticano 2010, pp. 7-8).


A pesar de que el Vaticano II nunca tocó este aspecto, en 1964 la Instrucción Inter Oecumenici, emanada del Consilium encargado de llevar a cabo la reforma litúrgica querida por el Concilio, en el n. 91 prescribió: “Es bueno que el altar mayor se separe de la pared para poder girar fácilmente alrededor y celebrar versus populum”. Desde aquel momento, la posición del sacerdote “hacia el pueblo”, aún no siendo obligatoria, se convirtió en la forma más común de celebrar Misa. Estando así las cosas, Joseph Ratzinger propuso, también en estos casos, no perder el significado antiguo de oración “orientada” y sugirió superar las dificultades poniendo en el centro del altar el signo de Cristo crucificado (cf. Teología de la Liturgia, p. 88). Uniéndome a esta propuesta, añadí a mi vez la sugerencia de que las dimensiones del signo deben ser tales que lo hagan bien visible, so pena de poca eficacia (cf. M. Gagliardi, Introduzione al Mistero eucaristico, Roma 2007, p. 371).


La visibilidad de la cruz del altar está presupuesta por el Ordenamiento General del Misal Romano: “Igualmente, sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado” (n. 308). No se precisa, sin embargo, si la cruz debe estar necesariamente en el centro. Aquí intervienen por tanto motivaciones de orden teológico y pastoral, que en el estrecho espacio a nuestra disposición no podemos exponer. Nos limitamos a concluir citando de nuevo a Ratzinger: “En la oración no es necesario, es más, no es ni siquiera conveniente mirarse mutuamente; mucho menos al recibir la comunión. [...] En una aplicación exagerada y malentendida de la 'celebración de cara al pueblo', de hecho, se han quitado como norma general – incluso en la basílica de San Pedro en Roma – las Cruces del centro de los altares, para no obstaculizar la vista entre el celebrante y el pueblo. Pero la Cruz sobre el altar no es impedimento a la visión, sino más bien un punto de referencia común. Es una 'iconostasis' que permanece abierta, que no impide el recíproco ponerse en comunión, sino que hace de mediadora y que sin embargo significa para todos esa imagen que concentra y unifica nuestras miradas. Osaría incluso proponer la tesis de que la Cruz sobre el altar no es obstáculo, sino condición preliminar para la celebración versus populum. Con ello volvería a estar nuevamente clara también la distinción entre la liturgia de la Palabra y la plegaria eucarística. Mientras en la primera se trata de anuncio y por tanto de una inmediata relación recíproca, en la segunda se trata de adoración comunitaria en la que todos nosotros seguimos estando bajo la invitación: ¡Conversi ad Dominum – dirijámonos al Señor; convirtámonos al Señor!” (Teología de la Liturgia, p. 536).