10 de mayo de 2011

Sante Sede y Prácticas no-cristianas en iglesias católicas

La Santa Sede alerta sobre la incompatibilidad de las terapias alternativas y la fe católica



De InfoCatólica.com

Según ha informado a las diócesis católicas españolas la Conferencia Episcopal Española (CEE), en diciembre pasado tuvo conocimiento de una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, (CDF) dirigida a los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo. Este importante dicasterio de la Santa Sede emitió la misiva preocupado por la presencia de la nueva religiosidad en centros católicos.



En la carta de la CDF, que lleva la firma de su prefecto, el cardenal William Levada, se lee que “algunos centros de espiritualidad dirigidos por miembros de la Iglesia católica han integrado en sus programas sesiones donde se juntan ciertas técnicas de oración con terapias alternativas. Tales terapias se inscriben en el marco más vasto de las denominadas curaciones ‘espirituales’ o de ‘Wellness’ [bienestar]”. La preocupación de la Santa Sede proviene de su recepción de “noticias que demuestran que algunos contenidos de tales programas propuestos incluso por sacerdotes o personas consagradas no son conformes con la doctrina de la Iglesia”.


Cardenal Levada

Por eso el cardenal Levada solicita a los presidentes de las Conferencias Episcopales que recuerden a los obispos de sus países respectivos “la necesidad de vigilar que los programas propuestos en los centros de espiritualidad bajo la responsabilidad de la Iglesia, incluidos los que están dirigidos por los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica, sean conformes con los principios de la fe católica”.

Como documento de referencia, la CDF señala a uno de su autoría, la Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, Orationis formas (15 de octubre de 1989, publicada en Acta Apostolicae Sedis 82 [1990] 362-379), a la que califica como “siempre actual”. De hecho, Levada adjunta a su carta una copia del documento. Y dice que la CDF “permanece siempre abierta a recibir las observaciones y noticias que los Señores Obispos deseen hacer a propósito de esta problemática”.

7 de mayo de 2011

¿Es la Iglesia Católica idólatra?

Dado que muchas veces, al entablar un diálogo con personas pertenecientes a diversas denominaciones protestantes, me han increpado con el asunto de la "idolatría de los católicos", he decidido que este excelente artículo de Infocatólica -sitio altamente recomendable para lectura diaria- escrito por el Ing. José Miguel Arráiz es digno de ser compartido. No porque subestime las capacidades intelectuales de mis lectores, sino porque muchas veces o no está del todo claro el asunto, o no se sabe cómo refutar con argumentos válidos esta afirmación errónea.
J.V.

¿Es la Iglesia Católica idólatra?


Quizá la acusación más repetida y trillada de parte del protestantismo hacia la Iglesia Católica es la de idolatría. “Los católicos adoran imágenes’ repiten hasta el cansancio, y hay que decir que dicho argumento a pesar de ser tan flojo, logra convencer a muchos católicos poco formados que desgraciadamente desconocen su fe, en parte por culpa propia y en parte por la nuestra como miembros de la Iglesia que somos.

Definiendo algunos conceptos

Idolatría, Adoración y veneración

Según el diccionario de la Real Academia Española el significado de idolatría es:
Idolatría: Adoración que se da a los ídolos.
Donde a su vez, la palabra ídolo es definida como:
Ídolo: Imagen de una deidad, adorada como si fuera la divinidad misma.
Esta definición coincide con la composición de la palabra idolatría: Ídolo – Latría. Donde ídolo es aquello que toma el lugar de Dios, y latría significa culto de adoración.
Idolatría consiste en adorar algo o alguien diferente a Dios (ídolo), ya sea una persona o una cosa.
Según el diccionario de la Real Academia Española el significado de adorar es:
Adorar:
1.Reverenciar con sumo honor o respeto considerándolo como cosa divina.
2. Reverenciar y honrar a Dios con el culto religioso que le es debido.
De las definiciones anteriores podemos resumir que idolatría es adorar (considerar como Dios o como una deidad) a algo o alguien diferente de Dios. Los católicos profesamos que ni a los santos ni a las imágenes se les debe rendir adoración pues esta corresponde a Dios.
Venerar:
Respetar en sumo grado a una persona por su santidad, dignidad o grandes virtudes o a una cosa.
Mientras adorar es considerar como Dios a algo o a alguien, venerar es respetar en gran manera a algo o a alguien, no por ser Dios, sino por su relación con Dios. Podemos venerar a alguien por considerar que esta persona por su vida y virtudes es grata a Dios sin adorarla.

¿Pero no está prohibido hacer imágenes?

Está prohibido adorar ídolos que es distinto. Las denominaciones protestantes interpretan fuera del contexto el mandamiento de Éxodo 20,4, como una prohibición a hacer imágenes.
“No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos”[1]
En el pasaje anterior todo lo subrayado es una sola prohibición. Dios prohíbe hacer imágenes para darle el lugar que solo a él le corresponde. Este mandamiento lo dio Dios no porque se tratara de algo malo en sí mismo, sino por causa de las circunstancias: los israelitas vivían en medio de pueblos paganos idólatras (creían que las estatuas eran dioses o tenían propiedades divinas, y por eso las adoraban) y tenían mucha tendencia a imitarlos. Para evitar que cayesen en el error de los paganos, Dios prohibió la representación de la divinidad por medio de pinturas o estatuas. En otros pasajes se puede observar dicha intención:
No vayáis en pos de otros dioses, de los dioses de los pueblos que os rodean, porque un Dios celoso es Yahveh tu Dios que está en medio de ti. La ira de Yahveh tu Dios se encendería contra ti y te haría desaparecer de la haz de la tierra”[2]

“Pero si llegas a olvidarte de Yahveh tu Dios, si sigues a otros dioses, si les das culto y te postras ante ellos, yo certifico hoy contra vosotros que pereceréis”[3]
Estos pasajes dejan claro que la prohibición de hacer imágenes consistía en adorarlas o considerarlas como dioses, no hacerlas.
Otro pasaje que lo deja muy claro es el siguiente:
“Tened mucho cuidado de vosotros mismos: puesto que no visteis figura alguna el día en que Yahveh os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a pervertiros y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea: figura masculina o femenima, figura de alguna de las bestias de la tierra, figura de alguna de las aves que vuelan por el cielo, figura de alguno de los reptiles que serpean por el suelo, figura de alguno de los peces que hay en las aguas debajo de la tierra. Cuando levantes tus ojos al cielo, cuando veas el sol, la luna, las estrellas y todo el ejército de los cielos, no vayas a dejarte seducir y te postres ante ellos para darles culto. Eso se lo ha repartido Yahveh tu Dios a todos los pueblos que hay debajo del cielo”[4]
Dios manda a hacer imágenes

Una prueba evidente de que Dios no prohibió en sí, la fabricación de imágenes la tenemos en la misma Biblia. Veamos varios ejemplos:
Dios mandó a hacer figuras de querubines sobre el arca de la alianza:
“Harás un arca de madera de acacia de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto… Harás, además, dos querubines de oro macizo; los harás en los dos extremos del propiciatorio: haz el primer querubín en un extremo y el segundo en el otro. Los querubines formarán un cuerpo con el propiciatorio, en sus dos extremos. Estarán con las alas extendidas por encima, cubriendo con ellas el propiciatorio, uno frente al otro, con las caras vueltas hacia el propiciatorio”[5]
El templo de Salomón estaba lleno de imágenes de querubines:
“El cedro del interior de la Casa estaba esculpido con figuras de calabazas y capullos abiertos; todo era cedro, no se veía la piedra. Había preparado un Debir al fondo de la Casa en el interior para colocar en él el arca de la alianza de Yahveh… Hizo en el Debir dos querubines de madera de acebuche de diez codos de altura. Un ala del querubín tenía cinco codos y la otra ala del querubín cinco codos: diez codos desde la punta de una de sus alas hasta la punta de la otra de sus alas. El segundo querubín tenía diez codos, las mismas medidas y la misma forma para los dos querubines. La altura de un querubín era de diez codos y lo mismo el segundo querubín. Colocó los querubines en medio del recinto interior; y las alas de los querubines estaban desplegadas; el ala de uno tocaba un muro y el ala del segundo querubín tocaba el otro muro, y sus alas se tocaban en medio del recinto, ala con ala. Revistió de oro los querubines. Esculpió todo en torno los muros de la Casa con grabados de escultura de querubines, palmeras, capullos abiertos, al interior y al exterior…los dos batientes eran de madera de acebuche; esculpió sobre ellos esculturas de querubines, palmas y capullos abiertos, y los revistió de oro, poniendo láminas de oro sobre los querubines y las palmeras. Hizo lo mismo en la puerta del Hekal: los montantes de madera de acebuche que ocupaban la cuarta parte; Esculpió querubines, palmeras, capullos abiertos y embutió oro sobre la escultura”[6]
Eso sin contar las figuras de animales que tenía el templo de Salomón:
“Hizo el Mar de metal fundido que tenía diez codos de borde a borde; era enteramente redondo, y de cinco codos de altura; un cordón de treinta codos medía su contorno. Debajo del borde había calabazas todo en derredor; daban vuelta al Mar a largo de treinta codos; había dos filas de calabazas fundidas en una sola pieza. Se apoyaba sobre doce bueyes, tres mirando al Norte, tres mirando al Oeste, tres mirando al Sur y tres mirando al Este; el Mar estaba sobre ellos, quedando sus partes traseras hacia el interior”[7]

“En la cima de la basa había un soporte de medio codo de altura completamente redondo; y en la cima de la basa, los ejes y el armazón formaban un cuerpo con ella. Grabó sobre las tablas querubines, leones y palmeras… y volutas alrededor”[8]
¿Era olvidadizo Salomón? ¿O quizá no conocía el mandamiento que prohibía imágenes? Otro ejemplo lo vemos cuando Dios mismo le mandó hacer a Moisés una imagen de una serpiente de bronce:
“Envió entonces Yahveh contra el pueblo serpientes abrasadoras, que mordían al pueblo; y murió mucha gente de Israel. El pueblo fue a decirle a Moisés: «Hemos pecado por haber hablado contra Yahveh y contra ti. Intercede ante Yahveh para que aparte de nosotros las serpientes,» Moisés intercedió por el pueblo. Y dijo Yahveh a Moisés: «Hazte un Abrasador y ponlo sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá.» Hizo Moisés una serpiente de bronce y la puso en un mástil. Y si una serpiente mordía a un hombre y éste miraba la serpiente de bronce, quedaba con vida”[9]
Este ejemplo es muy claro, ya que esta imagen de la serpiente de bronce solamente fue destruida cuando el pueblo comenzó a adorarla mucho después.Los protestantes suelen objetar que se puede hacer imágenes cuando Dios manda a hacerlas, pero Dios no manda al hombre a cometer un acto que es moralmente malo. De allí que Dios en ninguna circunstancia manda a blasfemar o a adorar algún ídolo.

¿Y la genuflexión no es idolatría por ser símbolo de adoración?

Es frecuente escuchar a estos argumentos, que el católico si adora las imágenes porque se arrodilla ante ellas. Sin embargo en la Biblia estar de rodillas puede tener varios significado.

Se puede estar de rodillas para adorar
“Cuando Pedro entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciéndole: «Levántate, que también yo soy un hombre.»”[10]

“Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Angel que me había mostrado todo esto para adorarle. Pero él me dijo: «No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.»”[11]
En los dos últimos pasajes, ambos hombres, Cornelio y Juan se pusieron de rodillas con intención de adoración, y por eso su gesto es reprobado. El texto aclara que Juan cayo a sus pies “para adorarle", a lo que el ángel responde: “A Dios tienes que adorar".

Se puede estar de rodillas para venerar

Pero estar de rodillas también puede hacerse como una muestra de veneración y respeto, como lo vemos en otros pasajes en que este acto no es reprobado, por ejemplo cuando el Rey Salomón se arrodilla ante su madre y nadie entendió que por eso él la adoraba.
“Entró Betsabé donde el rey Salomón para hablarle acerca de Adonías. Se levantó el rey, fue a su encuentro y se postró ante ella, y se sentó después en su trono; pusieron un trono para la madre del rey y ella se sentó a su diestra”[12]

Abdías se arrodilló ante Elías y este no le corrige porque era por respeto también:“Estando Abdías en camino, le salió Elías al encuentro. Le reconoció y cayó sobre su rostro y dijo: ¿Eres tú Elías, mi señor?»”[13]
Ante Eliseo también se pusieron de rodillas:
“Habiéndole visto la comunidad de los profetas que estaban enfrente, dijeron: «El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo.» Fueron a su encuentro, se postraron ante él en tierra”[14]
Daniel se arrodillo ante el ángel Gabriel:
“Mientras yo, Daniel, contemplaba esta visión y trataba de comprenderla, vi de pronto delante de mí como una apariencia de hombre, y oí una voz de hombre, sobre el Ulay, que gritaba: «Gabriel, explícale a éste la visión.» El se acercó al lugar donde yo estaba y, cuando llegó, me aterroricé y caí de bruces. Me dijo: «Hijo de hombre, entiende: la visión se refiere al tiempo del Fin.» Mientras él me hablaba, yo me desvanecí, rostro en tierra. El me tocó y me hizo incorporarme donde estaba”[15]
Las mujeres se arrodillaron frente a ángeles en el sepulcro:
“No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes. Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?”[16]
Existen muchos más ejemplos adicionales en toda la Escritura en donde postrarse significa solamente un acto de veneración y en donde en ningún momento se censura como acto idolátrico[17].
A pesar de esto, los protestantes suelen citar los primeros pasajes donde la genuflexión lleva implícito un acto de idolatría, pero nunca estos. ¿Puede ser consecuente una interpretación de la Escritura que construye su doctrina de pasajes aislados e ignora el resto?

Conclusión

Tan seguro de que amanecerá mañana es que los protestantes seguirán utilizando la trillada acusación de idolatría para para confundir a católicos poco formados y atraerlos a su grupo religioso. Es en parte responsabilidad de nosotros y de nuestros pastores por nuestras fallas a la hora de transmitir la fe integra y sin contaminación. Si usted pregunta a algún amigo católico si las imágenes se adoran y no sabe responder, ya sabe que allí hay alguien que necesita ser evangelizado y con urgencia. No es en este sentido falso el viejo adagio: “Católico ignorante, seguro protestante”
Para más información puede consultar nuestra sección de artículos relacionados al tema de las imágenes sagradas en ApologeticaCatolica.org

NOTAS:
[1] Éxodo 20,3-4
[2] Deuteronomio 6,14-15
[3] Deuteronomio 8,19
[4] Deuteronomio 4,15-19
[5] Éxodo 25,10.18-20
[6] 1 Reyes 6,18-19.23-29.32-33.35
[7] 1 Reyes 13,23-25
[8] 1 Reyes 13,35-36
[9] Números 21,6-9
[10] Hechos 10,25-26
[11] Apocalipsis 22,9
[12] 1 Reyes 2,19
[13] 1 Reyes 18,7
[14] 2 Reyes 2,15
[15] Daniel 8,15-18
[16] Lucas 24,4-5
[17] A este respecto puede consultar: Génesis 33,3.6.7; 48,12; 49,8; Éxodo 18,7; Josué 5,14; 1 Crónicas 21,21; 29,20; 1 Reyes 1,16.23.31; 2,13.19; 18,7; 2 Reyes 1,13; 2,15; 4,27.37; 1 Samuel 24,9; 25,23.41; 28,14; 2 Samuel 1,2; 9,6; 14,4.33; 16,4; 18,28; 24,19; Daniel 2,46; Tobías 12,15; Rut 2,10; Mateo 18,26.29; Hechos 16,29

Liturgia posconciliar

Tradición y Progreso en la Liturgia

El Papa Benedicto XVI expresó ayer su oposición a cualquier choque «preconcebido» entre ideas tradicionales y progresistas en la liturgia de la Iglesia Católica, debate que calificó de «poco atinado». Al recibir, durante una audiencia en el Palacio Apostólico del Vaticano, a los participantes de un congreso del Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo, el Pontífice advirtió sobre los «malentendidos» que han provocado contraposiciones inútiles.


(Informador/InfoCatólica)
El Santo Padre dijo que "a propósito de la liturgia católica, no pocas veces se contrapone en modo poco atinado a la tradición y al progreso, dos conceptos que, en realidad, se integran, porque la tradición incluye ella misma en algún modo el progreso".

Con estas palabras el Papa teólogo abordó uno de los temas más debatidos de los últimos 40 años por el catolicismo: la reforma litúrgica introducida por el Concilio Vaticano II (1965) y su posterior interpretación, dividida justamente entre progresistas y tradicionalistas.


Reconoció que antes del Concilio era clara la urgencia de reformar las celebraciones de la Iglesia para promover una participación más activa de los fieles a través del uso de las lenguas nacionales y que se profundizara la adaptación de los ritos en las varias culturas.

"Además se reveló clara desde el inicio la necesidad de estudiar en modo más profundo el fundamento teológico de la liturgia, para evitar caer en el ritualismo y para que la reforma fuese bien justificada en el ámbito de la revelación y en continuidad con la tradición de la Iglesia", apuntó.

Empero, advirtió que la liturgia va más allá de la misma reforma, cuyo objetivo original no fue principalmente cambiar los ritos y los textos, sino renovar la mentalidad para poner al centro de la vida cristiana la celebración del misterio de la muerte y Resurrección de Cristo.

El Papa lamentó que los mismos obispos y los expertos hayan considerado a la liturgia simplemente como un objeto que se debía reformar y no como "un sujeto capaz de renovar la vida cristiana".

"La liturgia en la Iglesia vive de una correcta y constante relación entre sana traditio (sana tradición) y legitima progressio (legítimo progreso)", sentenció el Santo Padre.

6 de mayo de 2011

La música en las iglesias...

Una crítica a la música empleada en las parroquias de hoy


El director de música coral en la Orquesta Sinfónica de Londres (Inglaterra) y ganador del Grammy, Joseph Cullen, pidió a las conferencias episcopales católicas ceñirse más a los documentos de la Iglesia sobre música sacra, e instrumentalizar una buena capacitación en las parroquias en esta materia.

Joseph Cullen

(Aica / InfoCatólica)
En un artículo publicado el 9 de abril en el semanario católico inglés The Tablet, Cullen elogió la música que acompañó la visita del papa Benedicto XVI al Reino Unido en septiembre de 2010. Sin embargo, advirtió, "esa excelencia no es común en la mayoría de las iglesias católicas".

Cullen lamentó que se utilicen himnos basados en música popular "sin tener en cuenta la incompatibilidad de las palabras originales y conocidas". Para el reconocido músico existe "una evidente falta de compasión por el patrimonio, que debe ser la piedra angular de la música sacra digna en la Iglesia de hoy".

Cullen, que ganó el Grammy en 2006 junto a Sir Colin Davies por la grabación de "Falstaff" de Giuseppe Verdi, también reprobó el mal uso de una sola voz tras el micrófono en la música parroquial, lo que denominó "un karaoke eclesiástico" que "parece haber asesinado el canto congregacional unificado".

Para el director inglés, el problema se originó con la búsqueda de un nuevo arreglo musical para la Misa del Novus Ordo en la década de 1960, lo que condujo a una laxitud en el control artístico del proceso musical. El resultado de esto, indica Cullen, es que la mayoría de las misas en las parroquias usan himnos pobremente compuestos como "relleno" durante la liturgia sagrada.








La crítica más dura de Cullen estuvo dirigida a los músicos oficiales diocesanos, que comisionan y promueven sus propias melodías. Cullen concluyó indicando que "los comités electos de música sacra de las conferencias episcopales no pueden tener intereses creados en la promoción de su propia música, o tipo de música. Esto se consideraría una corrupción en cualquier otro campo".

1 de mayo de 2011

Homilía del Santo Padre

Beatus Ioannes Paulus II


Luego de proclamar Beato al papa Juan Pablo II, el Santo Padre Benedicto XVI pronunció una homilía en la que entre otros conceptos, rememoró el día del fallecimiento del papa polaco, y explicó por qué resolvió efectuar el proceso de beatificación con “razonable rapidez” y por qué eligió para este acto el Domingo de la Misericordia.
El siguiente es el texto completo de la homilía de Benedicto XVI:

"Queridos hermanos y hermanas.

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, vinieron a Roma para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión.

Éste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia. Por eso se eligió este día para la celebración de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entregó el espíritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta.

Además, hoy es el primer día del mes de mayo, el mes de María; y es también la memoria de san José obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oración, nos ayudan a nosotros que todavía peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Señor que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento más cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial.

"Dichosos los que crean sin haber visto" (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica.

E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo reveló nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo” (Mt 16, 17). ¿Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en “Pedro”, la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: “Dichoso, tú, Simón” y “Dichosos los que crean sin haber visto”. Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo.

Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las demás. Es la de la Virgen María, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jesús en su seno, santa Isabel le dice: “Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45).

La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en María, y todos nos alegramos de que la beatificación de Juan Pablo II tenga lugar en el primer día del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro.

María no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jesús confió cada uno de los discípulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de María ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del Evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narración de la muerte de Jesús, donde María aparece al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25); y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, que la presentan en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (cf. Hch. 1, 14).

"También la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegría. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su Primera carta, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: "Por ello ustedes se alegran", y añade: "Ustedes no vieron a Jesucristo, y lo aman; no lo ven, y creen en él; y se alegran con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de la fe: la propia salvación" (1 P 1, 6.8-9). Todo está en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrección de Cristo, una realidad accesible a la fe. "Es el Señor quien lo hizo -dice el Salmo (118, 23)- fue un milagro patente", patente a los ojos de la fe.

"Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium.

Todos los miembros del Pueblo de Dios -obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, religiosos, religiosas- estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen María, asociada de modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia.

Karol Wojtyla, primero como obispo auxiliar y después como arzobispo de Cracovia, participó en el Concilio Vaticano II y sabía que dedicar a María el último capítulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera.

Esta visión teológica es la que el beato Juan Pablo II descubrió de joven y que después conservó y profundizó durante toda su vida. Una visión que se resume en el icono bíblico de Cristo en la cruz, y a sus pies María, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que quedó sintetizado en el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojtyla: una cruz de oro, una "eme" abajo, a la derecha, y el lema: "Totus tuus", que corresponde a la célebre expresión de san Luis María Grignion de Monfort, en la que Karol Wojtyla encontró un principio fundamental para su vida: "Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, María, soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón". (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).

El nuevo Beato escribió en su testamento: "Cuando el 16 de octubre de 1978, el cónclave de los cardenales escogió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynski, me dijo: "La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio". Y añadía: "Deseo expresar una vez más mi gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que participó en el acontecimiento conciliar desde el primer día hasta el último, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que están y estarán llamados a aplicarlo. Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado".

¿Y cuál es esta "causa"? Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: "¡No teman! ¡Abran, más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo!".

Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera encíclica e hilo conductor de todas las demás.

"Karol Wojtyla subió al solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su "timonel", el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar "umbral de la esperanza".

Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de "adviento", con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz.

"Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostuvieron mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una "roca", como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Eucaristía.

"¡Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Tantas veces nos ha bendecido desde esta misma Plaza. Santo Padre, bendícenos de nuevo desde esa ventana. Amén".+


Beatus Ioannes Paulus II, ora pro nobis!

Beatus Ioannes Paulus PP. II


Nos, vota Fratris Nostri Augustini Cardinalis Vallini, Vicarii Nostri pro Romana Dioecesi, necnon plurimorum aliorumFratrum in Episcopatu multorumque christifidelium explentes, de Congregationis de Causis Sanctorum consulto, Auctoritate Nostra Apostolica facult atem facimus ut Venerabilis Servus Dei Ioannes Paulus II, papa, Beati nomine in posterum appelletur eiusque festum die altera et vicesima Octobris in locis et modis iure statutis quotannis celebrari possit. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti.

Por desperfectos técnicos no se pueden mostrar los video en el blog, sin embargo:
Ceremonia de beatificación:

S.S. Benedicto XVI venera la tumba del Beato Juan Pablo II:

Visita de miles de peregrinos a la tumba del neo beato:

Foto de S.S. Benedcito XVI sosteniendo el relicario donde fue depositada sangre del nuevo Beato.
A la izquierda la hermana Marie Simon-Pierre, curada mialgrosamente por intercesión de Juan Pablo II; al centro, de hábito negro, la hermana Tobiana Sobotka.

Veneración del Beato Juan Pablo II

Féretro expuesto para la veneración en la Basílica de San Pedro.

El rito de beatificación

La celebración tiene las características típicas de las celebraciones de beatificación. El Rito está inserto dentro de la Santa Misa y se lleva a cabo inmediatamente después de los Ritos de introducción y el Acto penitencial.
El cardenal Agostino Vallini, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis Roma, pide que se proceda a la Beatificación del Siervo de Dios Juan Pablo II.


Después, lee una breve biografía del Siervo de Dios Juan Pablo II. Inmediatamente el Santo Padre pronuncia la fórmula de Beatificación. Sigue la colocación en el altar de las reliquias del nuevo Beato mientras viene develada la imagen del Beato, colocada bajo el balcón central de la Basílica Vaticana.
Al final del rito, el cardenal Vallini da las gracias al Santo Padre y, junto con el Postulador, se acerca al Papa para el abrazo de la paz. La Misa continúa con el canto del "Gloria".


Al final de la Celebración de la Eucaristía, el Santo Padre, junto con los Señores Cardenales celebrantes, se dirige al interior de la Basílica para realizar el acto de veneración ante el cuerpo del nuevo Beato. Luego de las autoridades presentes y los Obispos, también los demás fieles podrán cumplir con el acto de culto.