4 de marzo de 2011

Cambios en la liturgia pontificia

LOS CAMBIOS EN LA LITURGIA PONTIFICIA INTRODUCIDOS POR BENEDICTO XVI


Entrevista a Mauro Gagliardi, consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas. 
Fuente: Zenit.org - Diciembre de 2009

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 25 de diciembre de 2009- Los fieles de todo el mundo han podido constatar en directo por la televisión los cambios producidos en la liturgia pontificia bajo Benedicto XVI.

Hemos conversado sobre esto con el sacerdote Mauro Gagliardi, ordinario de la Facultad de Teología del Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum" de Roma y consultor de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

Se ocupa además de la firma de teología litúrgica "Espíritu de la liturgia", que ZENIT publica cada quince días.


Leyendo el artículo de Luigi Accattoli Il rito del silenzio secondo papa Ratzinger [El rito del silencio según el Papa Ratzinger] (Liberal, 1 de diciembre de 2009, p. 10), emerge la idea de un cierto trabajo, solicitado por el mismo Santo Padre, para poner a la liturgia papal más en línea con la tradición. Como nos acercamos a las solemnes celebraciones de las fiestas navideñas, que serán presididas en San Pedro por Benedicto XVI, queremos aprovechar la ocasión para hablar con usted sobre estos cambios.

El artículo de Accattoli presenta una eficaz panorámica de algunas de las más visibles, entre las recientes decisiones en materia de liturgia pontificia, aunque hay otras, probablemente no mencionadas por brevedad o por ser de más difícil comprensión para el gran público.

El destacado y apreciado vaticanista subraya varias veces que estos cambios están inspirados por el mismo Santo Padre quien, como todos saben, es experto en liturgia.

Accattoli empieza su reconstrucción mencionando las vestimentas papales que habían caído en desuso en las últimas décadas: el camauro (1), el saturno rojo (2), la muceta con piel de armiño (3). También mencionan los cambios producidos respecto al palio.

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Se trata de elementos de las vestiduras propias del pontífice, como el color rojo de los zapatos, no recordado explícitamente por el articulista.


Si bien es cierto que en las últimas décadas los sumos pontífices han elegido no utilizar estos elementos, o cambiar su forma, también es verdad que nunca han sido abolidos y, por tanto, todo Papa los puede utilizar.

No hay que olvidar que, como la mayoría de los elementos visibles de la liturgia, también las vestiduras de uso extra-litúrgico responden tanto a necesidades prácticas como simbólicas.

Recuerdo que cuando el Papa Benedicto utilizó por primera vez el camauro -un tocado de invierno que protege bien del frío-, un conocido semanario italiano publicó el rostro sonriente del Santo Padre, que llevaba el camauro, y bajo la foto se leía un pie de foto que decía: "¡Ha hecho bien!", refiriéndose al hecho de que también el Papa tiene derecho a resguardarse del frío.

Pero no son sólo razones prácticas. No debemos olvidar quién es y qué función desempeña la persona que usa esas vestimentas: por eso, tienen también un valor simbólico, que se expresa con su belleza y su particular decoro.

Distinto es el caso del palio, que es en cambio una prenda litúrgica. Juan Pablo II utilizaba uno igual al que llevan los arzobispos metropolitanos.


Al inicio del pontificado de Benedicto XVI, se había preparado uno con forma distinta, que retomaba usos antiguos y que el Santo Padre utilizó durante algún tiempo.


Después de estudios atentos, se advirtió que era preferible volver a la forma usada por Juan Pablo II, aunque se han introducido pequeñas modificaciones que resaltan claramente la diferencia entre el palio de los metropolitanos -que les impone el Papa- y el palio del sumo pontífice.

Aquí se ven claramente las diferencias entre ambos palios. 

Puede encontrarse más información sobre esto en la entrevista a monseñor Guido Marini, maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, publicada en "L'Osservatore Romano" del 26 de junio de 2008.

Mons. Guido Marini

¿Qué puede decirse de la férula escogida por Benedicto XVI en lugar del crucifijo del escultor Scorzelli, utilizado por Pablo VI y por los dos Juan Pablo, hasta la primera parte del pontificado del mismo Papa Benedicto?

  

Se podría decir que también aquí vale el mismo principio. Se puede mencionar una razón práctica: el actual pastoral de Benedicto XVI, que él utiliza desde el inicio del presente año litúrgico, pesa 590 gramos menos respecto al crucifijo de Scorzelli, por tanto más de medio kilo de diferencia, que no es poco.

En cuanto al aspecto histórico, el pastoral con forma de cruz responde más fielmente a la forma del pastoral típico de la tradición romana, o bien al utilizado por los sumos pontífices, que siempre ha sido con forma de cruz y sin crucifijo.

También aquí se podrían añadir otras reflexiones desde el punto de vista simbólico y estético.

Accattoli cita también otros cambios, que podríamos definir como más de sustancia: la preocupación por los momentos de silencio, la celebración orientada hacia el crucifijo y de espaldas a la asamblea y la comunión distribuida a los fieles de rodillas y en la lengua.

Se trata de elementos de gran significado, que obviamente no puedo analizar aquí de modo detallado, sino sólo brevemente. La Institutio Generalis del Misal Romano publicado por Pablo VI prescribe en diversos lugares observar el sacro silencio.

La atención en la liturgia papal a este aspecto, por tanto, no hace más que poner en práctica las normas establecidas.

En lo que se refiere a la celebración orientada hacia el crucifijo, vemos que, como norma, el Santo Padre está manteniendo la posición del altar considerada "hacia el pueblo", tanto en San Pedro como en otros lugares.

Ha celebrado sólo unas pocas veces hacia el crucifijo (Ad Orientem): en particular, en la Capilla Sixtina y en la Capilla Paulina, restaurada recientemente.

 

Como toda celebración de la Misa, cualquiera que sea la posición física del celebrante, es una celebración dirigida al Padre a través de Cristo en el Espíritu Santo y no dirigida "al pueblo" o a la asamblea, excepto en los pocos momentos dialogados, no es extraño que quien celebra la Eucaristía pueda disponerse también físicamente "hacia el Señor".

Particularmente en lugares como la Capilla Sixtina, donde el altar está adosado a la pared, es algo natural y fiel a las normas celebrar sobre el altar fijo y dedicado, dirigido por tanto hacia el crucifijo, en lugar de añadir un altar móvil para la ocasión.

Finalmente, en lo que respecta a la manera de distribuir la Santa Comunión a los fieles, es necesario distinguir el aspecto de recibirla de rodillas del de recibirla en la lengua.

 

En la actual forma ordinaria del rito romano (o Misa de Pablo VI), los fieles tienen derecho a recibir la Comunión estando de pie o de rodillas.

Si el Santo Padre ha decidido dar la comunión de rodillas, pienso -obviamente ésta es sólo una opinión personal- que considera esta manera más adecuada para expresar el sentido de adoración que debemos siempre cultivar ante el don de la Eucaristía.

Es una ayuda que el Papa da a los que reciben la comunión de sus manos, una ayuda para considerar atentamente a quién es Aquel al que se va a recibir en la santísima Eucaristía.

Por otra parte, en la Sacramentum Caritatis, citando a san Agustín, el Santo Padre había recordado que al recibir el Pan eucarístico debemos adorarlo, porque pecaríamos recibiéndolo sin adoración.

Antes de comulgar, el mismo sacerdote se arrodilla ante la Hostia, ¿por qué no ayudar a los fieles a cultivar el sentido de adoración propiamente a través de ese gesto?


En lo referente, en cambio, a recibir la Comunión en la mano, se recuerda que esto es hoy posible en muchos lugares (posible, no obligatorio), pero que sigue siendo una concesión, una derogación a la norma ordinaria que afirma afirma que la Comunión se recibe sólo en la lengua. Esta concesión se les ha hecho a las Conferencias Episcopales que la han pedido y no es la Santa Sede quien la sugiere o promueve.

Y, por supuesto, ningún obispo miembro de la Conferencia Episcopal que ha pedido y obtenido el indulto está obligado a aplicarlo en su diócesis: todo obispo puede siempre decidir que en su diócesis se aplique la norma universal, que está vigente a pesar de todos los indultos concedidos, norma que establece que los fieles deben recibir la Santa Comunión en la lengua.

Si ningún obispo del mundo está obligado a aplicar el indulto, ¿cómo podría estarlo el Papa? Es importante, en efecto, que propiamente el Santo Padre mantenga la regla tradicional, confirmada ya una vez por Pablo VI, que veta a los fieles recibir la comunión en la mano.

En conclusión, según usted, que forma parte del equipo de consultores de monseñor Guido Marini, ¿qué sentido ve en las novedades introducidas en la liturgia papal bajo Benedicto XVI?

Naturalmente sólo puedo hablar a título personal, sin tener mi opinión ningún carácter de posición oficial de la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.

Me parece que lo que se está intentando hacer es conjugar con sabiduría lo antiguo y lo nuevo, actuar en el espíritu y en la letra, en la medida de lo posible, según las indicaciones del Vaticano II y hacerlo de manera que las celebraciones pontificias sean ejemplares bajo todos los aspectos.

Quien asiste a la liturgia papal debe poder decir: "¡Eso es, así se hace! ¡Así debemos hacer también nosotros en nuestra diócesis, en nuestra parroquia!".

Querría, por último, destacar que esta "novedad", como la define usted, no se introduce simplemente de manera autoritaria.

Habrá notado que a menudo las novedades son explicadas, por ejemplo a través de entrevistas que el maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias concede a "L'Osservatore Romano" o de otras comunicaciones periodísticas.

También nosotros los consultores de vez en cuando publicamos artículos en el diario de la Santa Sede para explicar el sentido histórico y teológico de las decisiones que se toman.

Para usar una palabra que está de moda, diré que es un modo "democrático" de proceder, entendiendo con esto, no que las decisiones se tomen por mayoría, sino que se intenta hacer entender el motivo profundo de estos cambios, que es siempre un motivo histórico, teológico y litúrgico y no puramente estético, y menos ideológico.

Podríamos decir que nos esforzamos por dar a entender la ratio legis y me parece que también este hecho representa una "novedad" de cierta importancia.
Don Nicola Bux sobre “la reforma de la reforma” y los obstáculos a Summorum Pontificum



Don Nicola Bux, latinista papal y consultor de la Congregación para el Culto Divino, ha publicado un libro con un provocador título: “Cómo ir a Misa y no perder la fe”. A raíz de ello, ha concedido diversas entrevistas en medios italianos. Aquí un aparte de una de esas entrevistas, concedida al periódico Avanti, Mar-04-2011 página 5 (copia facsmilar en la imágen). Traducción al español de Secretum Meum Mihi.

¿En qué punto está la “reforma de la reforma” deseada por Benedicto XVI?

Con esta expresión, que Ratzinger utilizó cuando todavía era Cardenal prefecto la Congregación para la Doctrina de la Fe, él quería decir que la reforma que comenzó después del Concilio debía reanudarse, y en alguna manera corregirse donde se necesite, para usar sus palabras, la restauración de la pintura había arriesgado mucho, ya en el intento de pulirla se había tomado el riesgo de quitar también las distintas capas de color. Él comenzó esta restauración a través de su propio estilo. El Papa celebra la liturgia en un estilo moderado, no gritado. También desea que las oraciones, los cantos y cualquier otra cosa no usen tonos exhibicionistas. Y después, es necesario enfatizar dos gestos particulares que son evidentes en sus liturgias: haber interpuesto entre sí y la asamblea la cruz, para indicar que el rito litúrgico no está dirigido al Ministro sacerdotal sino a Cristo, y hacer recibir la Comunión de rodillas, para indicar que no se trata de una cena en el sentido mundano de la palabra, sino una comunión con el cuerpo de Jesucristo que primero es adorado, segundo las palabras de San Agustín, para luego ser comido.


¿Cuantos obstaculos enfrenta el Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la misa pre-conciliar?

Creo que actualmente los obstáculos son cada vez más débiles respecto a cuando apareció el Motu proprio, en 2007. A través de la Internet se puede ver cómo hay un discreto movimiento de jóvenes que buscan, y en cuanto sea posibe practicar la Misa Tradicional, también llamada Misa en latín o Misa de siempre. Y esto creo que sea un signo muy importante que hay que acoger.

Es claro que los pastores de la Iglesia, en primer lugar los obispos y después los párrocos, aunque a menudo dicen que tenemos que ser capaces discernir los signos de los tiempos, expresión muy en uso después del Vaticano II, muy menudo no entienden que los signos de los tiempos no los establecen ellos, pero se presentan y sobre todo son regulados por los jóvenes. Creo que este es el síntoma más interesante, porque si la Misa tradicional van los ancianos, los adultos, se podría tener la sospecha de que se trata de una nostalgia. El hecho de que sen prevalentemente los jóvenes los que buscan y participan en la Misa en latín es completamente inesperado y merece ser leído, comprendido y sobre todo acompañado por parte de los obispos.


Creo que el Papa tiene conocimiento de esto y por eso intenta dar un ultrior aporte por medio de una instrucción aplicativa del Motu proprio para ayudar a todos a comprender que, además de la nueva forma del rito romano está la forma antigua o extraordinaria.

2 de marzo de 2011

Ad Orientem - III



IV.- EL POST-CONCILIO Y LA CELEBRACIÓN "AD ORIENTEM".

Pese a que el Misal Romano, en cualquiera de sus tres ediciones oficiales (Editio Typica), contempla directamente la celebración Ad Orientem (aunque también contempla la celebración Versus Populum para algunas ocasiones), la puesta en marcha de la Reforma post-conciliar fue absolutamente diferente.

El mismísimo Misal contempla la necesidad de conservar los altares ya construidos, y, en recintos nuevos, la construcción de altares separados de la pared, para que puedan ser rodeados con facilidad al ser incensados, y para celebrar, en ocasiones, la Misa hacia el pueblo. Sin embargo, esta instrucción fue mal interpretada (horrorosamente): Los altares fueron lamentablemente destruidos en su gran mayoría, perdiéndose una copiosa y abundante fuente de espiritualidad y arte sacro. Así mismo, fueron construidos altares, que en su gran mayoría, son de mal gusto y carecen de las condiciones mínimas establecidas por el mismísimo Misal Romano.

Así mismo, la celebración Versus Populum tomó un particular protagonismo frente a la celebración Ad Orientem, siendo esta última relegada al olvido. Las razones prácticas que motivaron dicho cambio (las que se resumen, con bastante acierto, en: "Para que la gente pueda ver" y "porque lo antiguo está mal") en la orientación litúrgica no tienen realmente asidero alguno versus las implicancias teológicas que desencadenó y que hoy son absolutamente patentes en la celebración de la Santa Misa, Novus Ordo, alrededor del mundo entero.

Dicha instauración de la orientación "Coram Populo", y por ende, de una prohibición de facto de la orientación "Coram Deo", se ha mantenido durante todos los años posteriores a la reforma de 1970. Aunque han habido intentos de recuperar la orientación primigenia, estos intentos han fracasado, debido a la oposición tajante del clero, que en su gran mayoría, han vivido este proceso de "adaptación litúrgica".


V.- EL NUEVO MOVIMIENTO LITÚRGICO Y "EL ESPÍRITU DE LA LITURGIA" DEL CARDENAL RATZINGER.

Sin embargo, las nuevas generaciones de sacerdotes, clérigos y laicos, ajenos a toda la debacle litúrgica y teológica del post-concilio, han revalorizado, desde su propia experiencia y desde el estudio de la liturgia, en su dimensión práctica, teológica y espiritual, han retomado los intentos para la revalorización de la orientación de la liturgia, que como diversos estudiosos han confirmado, corresponde a una orientación común de fieles y clérigos desde los comienzos de la Iglesia. La lejanía de las nuevas generaciones con las de quienes presenciaron y fueron partícipes (activos o expectadores) de los cambios litúrgicos de la reforma de la década del 70' y de sus consecuencias posteriores, ha contribuido enormemente a que los nuevos clérigos y los jóvenes laicos descubran, por si mismos, la importancia y el valor trascendental de tradiciones antiguas, las cuales forman parte de la Tradición Viva de la Iglesia. Han, por tanto, valorado dichas tradiciones, que no son "objetos y prácticas vetustas", sino que verdaderas fuentes de espiritualidad y desarrollo teológico del Misterio del Santo Sacrificio de la Misa. 

Y, dado este escenario, los intentos por recuperar las tradiciones olvidadas (en muchos casos, olvidadas deliberadamente) han fructificado copiosamente, llegando a su cúlmen durante la última década.

En el año 2001, S.E. Joseph Cardenal Ratzinger publicó su obra litúrgica "El Espiritu de la Liturgia", en la cual hace un marcado hincapié en la recuperación de una Sagrada Liturgia en sintonía y fidelidad con la Tradición bimilenaria de la Iglesia.
En cuanto a lo directamente relacionado con la orientación litúrgica, hace un desarrollo brillante, donde resaltan los siguientes puntos, fundamentales para nuestro análisis y que representan puntos de base para el Nuevo Movimiento Litúrgico:

1.- "La orientación de la oración hacia el oriente es una tradición que se remonta a los orígenes y es la expresión fundamental de la síntesis cristiana de cosmos e historia, del arraigo de la unicidad de la historia de la salvación, de salir al encuentro del Señor que viene".

2.- Pese a la disposición originaria de la celebración "Ad Orientem", que se ve plasmada en las construcciones bizantinas, en Roma se fue desarrollando una disposición diferente, producto del acercamiento del Altar de la Basílica de San Pedro más cerca de la Sede Episcopal, de manera de celebrar el Santo Sacrificio sobre la Tumba del Apóstol, explicitando la venerable tradición de celebrar sobre la tumba de los mártires, que expresa de manera muy sugestiva la comunión de los Santos. Sin embargo, la Basílica estaba orientada hacia occidente, por lo que, para que la Liturgia fuera celebrada "Ad Orientem", era necesario que el Sacerdote enfrentara a los fieles ("Coram Populo").

3.- "La renovación litúrgica del recién acabado siglo ha hecho suya esta presunta posición del celebrante, para desarrollar una nueva idea de forma litúrgica", aludiendo una poco clara razón: "la formación de un circulo cerrado entre los fieles y el sacerdote", que según los reformadores, sería una forma más propicia para la participación de los fieles y que, además, constituiría una valoración de la supuesta conformación de la Última Cena.

4.- La Conformación "Versus Populum" se ha transformado en el estandarte de Batalla de la reforma post-conciliar, lo cual concuerda con la mutación hacia una "nueva idea de la esencia de la liturgia, en cuanto a comida comunitaria."

5.- Existió desde antiguo la noción de celebrar "Ad Orientem", siendo esto necesario no solo para el celebrante, sino que también para el . De hecho, citando a Bouyer: "Jamás y en ninguna parte se encontró anteriormente (es decir, antes del siglo XVI) ningún indicio de que se le concediera ni la más mínima importancia, o se le prestara siquiera atención, al hecho de si el sacerdote celebraba con el pueblo delante o detrás de él. [...] lo único a lo que se le daba importancia era que el sacerdote pronunciara la plegaria eucarística, al igual que las demás oraciones, en dirección al oriente". Por tanto, prevalece siempre la disposición, tanto del sacerdote como del pueblo, de la celebración "Ad Orientem", por sobre si se está de cara o de espalda a los fieles.

6.- Dicha conciencia se fue oscureciendo durante la modernidad, llegando a un desconocimiento total de dicho pensamiento. Incluso, con ello, es posible explicar el porqué se ha tildado a la celebración "Coram Deo", como una liturgia celebrada "Hacia la Pared" o "De espalda al pueblo".

7.- La disposición "Versus Populum" ha transformado la característica "Teocéntrica" de la Sagrada Liturgia, en una característica "Clerocéntrica", siendo el sacerdote el centro de la acción litúrgica: "De él depende todo. Es a él a quien hay que mirar, participamos en su acción; a él respondemos. Su creatividad es la que sostiene el conjunto de la celebración". Con ello, cada vez, pasa a primer plano la acción de la asamblea reunida, y de quienes participan en la acción litúrgica muy por sobre la atención hacia Dios, quien es sujeto principal de la acción Litúrgica.

8.- Es fundamental la orientación común al oriente. "La esencia del acontecimiento no es el círculo cerrado en sí mismo, sino la salida de todos al encuentro del Señor que se expresa en la orientación común".

9.- Es necesario reintroducir en la liturgia la dimensión escatológica que le fue quitada con la transformación de la orientación litúrgica. "La cruz debería estar en el centro del altar y ser el punto de referencia común del sacerdote y la comunidad que ora", ya que la orientación tiene directa relación con la señal del Hijo del Hombre, que corresponde a la Cruz.


Como vemos, el otrora Cardenal Raztinger hace una exhaustiva exposición de los argumentos que sustentan a la celebración "Ad Orientem" como verdadera Tradición Viva de la Iglesia, e introduce además, una idea bastante innovadora: En el caso de que no se pueda celebrar "Ad Orientem", que al menos se coloque la cruz al centro, de manera de restaurar el Oriente Litúrgico hacia la Cruz, punto central de atención del sacerdote y los fieles.