25 de septiembre de 2011

Misa tradicional en Buenos Aires

Corregido y precisado a fines de marzo de 2017.

Tal como dispuso Mons. Jorge Mario Cardenal Bergoglio, en ese tiempo Arzobispo de Buenos Aires, tras el pedido insistente de fieles porteños (más allá de la chicana de alguno), se estableció la celebración de la Santa Misa en la "forma extraordinaria" del rito romano en dos iglesias porteñas céntricas, una medida pastoral que pareciera no ajustarse a una jurisdicción con más de dos millones y medio de fieles.
Por supuesto que esta disposición oficial --una obligación pastoral a ser garantizada por instrucción de la Santa sede-- se hizo contra el malestar de una parte interesante del clero porteño y del propio Arzobispo, de quien es conocida la frase "Ya no estamos más en Trento" de sus tiempos en Buenos Aires, y otras directamente relacionadas a la Misa tradicional durante su pontificado. Como no podría ser de otra manera en una arquidiócesis cuya cabeza es considerada conservadora --y por ello anti-tradicionalista--, el asunto marchó mal desde el vamos, aún cuando los fieles que deseaban legítimamente asistir a la liturgia antigua estaban amparados incluso en las "recomendaciones" que llegaron ad hoc desde la Santa Sede.

El 25 de septiembre de 2011 asistí a una de esas dos Misas "Summorum Pontificum", como les llaman coloquialmente a las establecidas a partir del Motu Proprio de 2007.
Una de las Misas se tenía lugar en la cripta racionalista de la parroquia San Miguel Arcángel, celebrada por el P. Ricardo Dotro, el afamado liturgista --y no afamado precisamente por su apego a liturgia tradicional. Ya en la primera Misa celebrada en aquella cripta muchos fieles advirtieron sorprendidos que celebraba haciendo una insólita mezcla de los dos Ordos (Vetus y Novus) y que además utilizaba el calendario nuevo, lo cual --entre otras cosas--, era una clara violación a las disposiciones de la Santa Sede, tanto abusando litúrgicamente del Misal Romano aprobado por San Juan XXIII en 1962 como contraviniendo las claras disposiciones de Summorum Pontificum (uso excluyente de la edición de 1962 y del calendario antiguo, etc.).
Es una historia penosa que se puede leer en más detalle en varios sitios. Pero la conclusión es que el cura siguió celebrando la Santa Misa como le placía y en contra de las normas de la Iglesia. Y por supuesto, los fieles poco a poco dejaron de asistir, decepcionados por esta pobrísima provisión de la Arquidiócesis, y de ese insulto a la liturgia de la Iglesia. Contrastaba el puñado de fieles de las últimas celebraciones (contados con los dedos de una mano) con aquella primera vez a la que acudieron más de un centenar de fieles. Incluso salió una nota -aunque muy pobre de contenido- en el diario Clarín.


Lo cierto es que en cuanto se estableció la celebración de la forma extraordinaria también en la parroquia Nuestra Señora del Carmen (Rodríguez Peña 840), aparentemente se juzgó que ya había un exceso y sobreabuso de latín en Buenos Aires, y el P. Dotro determinó que entonces bastaba celebrar Misa sólo una vez por mes en su cripta.

Fachada de la iglesia Nuestra Señora del Carmen.

Vuelvo a mi crónica. Cuando llegué a Nuestra Señora del Carmen, pude leer la cartelera:

 "Horarios de Misa
Sábados (...) 
Domingos 8:30, 9:30 (rito latino),
(...)"

La imprecisión de la cartelera era delatadora de que lo vendría luego.

Claramente, tras un breve análisis y teniendo en cuenta el contexto en que se estableció la celebración de esta Misa (con la mayoría del clero y del mismo ex-Cardenal Primado en contra), era bastante plausible que la Misa fuera a celebrarse en un rincón oscuro de la iglesia -la que por cierto es una obra de arte, más allá de los "retoques" y "reacondicionamientos" posconciliares.

La Santa Misa fue efectivamente celebrada en uno de los altares laterales; precisamente el del Sagrado Corazón, a cuyos pies se insertó un sagrario rosado. Se trataba del altar de la nave izquierda. La Misa tradicional jamás se celebraría en el altar mayor, como el resto de las Misas de la parroquia.
El sacristán, un hombre mayor, colocó sobre el pequeño altar las dos velitas y el gigantezco atril con el Misal, que nunca se movió de su lugar (lado del Evangelio). Y luego trajo las vinajeras, que también acomodó como pudo en el altar.

La Misa estaba anunciada a las 09:30 hs., marcadas por unas campanadas que parecen haber sido grabadas en un show folklórico de cencerros. El Reverendo Padre se tomó su tiempo, mientras los fieles disimulaban la impuntualidad ora ojeando su misal, ora rezando un misterio del Rosario.

Tirados de cualquier manera sobre los cuatro bancos dispuestos para los sectarios marginales que se aventuraban a asistir a la ensalada litúrgica --pero tristemente Misa al fin--, había cuatro folletos fotocopiados que llevan el nombre de "Ordinario" en el encabezado, aunque solamente contenían las oraciones al pie del altar, el Gloria y el Credo. Deben ser las partes más importantes de la Misa, porque ahí nomás terminaba el folleto.

La Misa fue entre rezada y levemente cantada. Así de extraño como suena.
El Reverendo Padre llegó súbitamente desde la sacristpia y cáliz en mano (cubierto con su paño), y lo depositó como pudo entre el gigantezco atril y las vinajeras. El altar parecía una estantería atestada de cosas, algo increíble de ver en el imperante "minimalismo" estético que observamos en los despojadísimos altares del posconcilio.
Los fieles constituían un grupo de no más de cinco personas, a las que se le sumaron luego un par más. Todos sentados en los cuatro bancos dispuestos detrás de un órgano que parecía marcar el territorio del presbiterio, separándolo de los fieles. Una división escandalosa según los cánones pastorales actuales.
Entre el órgano pulcramente cubierto y el altar atestado había una suerte de ambón desde donde el celebrante leyó una primera lectura veterotestamentaria, un Salmo responsorial, omitió el Gradual, y continuó con la Epístola y el Evangelio. Claro, eso explicaba la ausencia del "Propio".
Todas las lecturas leídas --o mejor dicho interpretadas-- con tono teatral, usando timbre y tono de voz y una modulación exagerados, más parecido a una interpretación de Pedro y el Lobo que a la lectura y proclamación del Evangelio.

Durante la homilía no dirigió su mirada en ningún momento a la feligresía, salvo a un hombre de primera fila que reía con cada uno de sus chascarrillos. Entre sus humoradas hizo todo tipo de comentarios ácidos sobre la ortodoxia, la Misa en latín y otros temas de similar índole. El desagrado de los fieles era patente.

La vaguedad en los movimientos y en las oraciones del sacerdote crecía a medida que avanzaba la Misa.
Para cualquier católico común, esta tan poco digna y abusiva celebración litúrgica constituía un escándalo, no solo por los ataques a quienes asistían a ella buscando recogimiento y belleza en la tradición de la Iglesia, sino por la poquísima piedad y respeto que mostraba el sacerdote por un rito que no le pertenece ni a él ni a la arquidiócesis, sino a la Iglesia de Cristo. Celebrar la Misa con sucesivos abusos litúrgicos y de "mala manera" (con mal gesto) no es una ofensa contra los fieles, sino contra Dios mismo. Aquí no se trata de gustos de unos y otros, sino del culto de Dios y de lo que les propio y agradable.

Valga aclarar que la Misa duró poco más de 45 minutos, de los cuales 20 o 25 ocupó la lamentable homilía, en los términos ya referidos.

Al final de la Misa los más sectarios y fanáticos permanecían arrodillados unos minutos, mientras que alguno que otro paseaba o desvariaba (según la pespectiva progre) frente a las imágenes de los santos. El cura no aparecería a a saludar a los fieles después de la Misa como es la costumbre en nustras parroquias e iglesias.
Tras entonar la Salve (sí, en gregoriano) y hacer una serie de "anuncios parroquiales", que explicó que no decía en latín porque no sabía cómo hacerlo (sic), se escabulló rumbo a la sacristía y no se lo vio más.
Evidentemente prefería evitar todo contacto con gente a la que desprecia.
que le pregunten por qué trastoca la Misa a gusto personal, por qué despidió sin explicaciones al sacerdote que acolitaba en la Misa (y que le señaló muy caritativamente sus errores o abusos litúrgicas en reiteradas oportunidades), por qué continuaba realizando a conciencia los mismos abusos, etc. Desde luego, probablemente no tenga nada que responder. Nada bueno, al menos.

Así concluye la crónica de una Misa provista por la Arquidiócesis. Así se preocupaba el por entonces Arzobispo-Cardenal Primado y ahora Pontífice de las necesidades pastorales que le solicitaban legítimamente sus fieles.
Con esta clase de clérigos mal llamados liturgistas --porque quien estudia la liturgia la ama, sea cual sea, de donde y del tiempo que sea-- proveyó la Arquidiócesis a sus más de dos millones y medio de fieles. La consigna evidentemente era "Celebren de tal modo que la gente no desee ir más a las Misas que el Arzobispado provee". Y dio sus tristes frutos.
Pero digo más: varios de los que asistían a esas Misas tradicionales provistas por Arzobispado sin duda que yendo a ellas desistían de ir a otras celebraciones ilícitas en la Ciudad y sus alrededores. Y el Arzobispado y particularmente cada uno de los que conspiraron en contra de aquellas Misas son moralmente responsables de los fieles que hayan abandonado esas escandalosas celebraciones "oficiales" para asistir otras ilícitas y fuera de la comunión con Roma.
Habrán de rendirle cuentas a Dios.

8 comentarios:

  1. Desgraciadamente todo esto es cierto. Realmente es incomprensible como en una ciudad como Buenos Aires, no pueda haber una sola iglesia, donde se celebre la Misa de siempre como está mandado.

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  2. PIRULO
    En la Capilla de Venezuela 1318 (FSSPX)tampoco se respetan las rúbricas sobre las Fiestas, NI SIQUIERA CON LA MÚSICA :Organo pleno sonando continuamente POR TODOS LOS PARLANTES DE LA CAPILLA y con música profana sin respetar el Motu Proprio de San PioX sobre la música en la Liturgia.Se aggiornó dopo el fallecimiento de Mons.Lefebvre. Esa Liturgia "tradicional" ESTÁ IRRECONOCIBLE. Y la Misa de 11 es lisa y llanamente UN CONCIERTO a todo coro y organo ESTRIDENTE, eliminando por completo el SILENCIO.Ya parece MISA PARA EL HOMBRE, no diferenciandose casi de lo que se acostumbra en cualquier plarroquia. Claro, pero ¿bien sonante?.

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  3. Creo que ya no se celebran mas las misas tridentinas en Nuestra Señora del Carmen . Ayer estuve allí y no vi ninguna nota que aclarara ni misa 9:30 hs , ni rito latino. Saben donde se celebra?

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    1. Creo que hace muchos meses que no se celebra. Yo no fui más. Quedaba la de la cripta de San Miguel Arcángel, pero dudo que se siga celebrando. Si puedo, le averiguo.

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  4. En la Parroquia Inmaculada concepción de María en bella vista, se celebra la Misa Tradicional, con autorizacion del Obispado de S.Miguel. yo al momento no he podido asistir, ya que no me animo ir solo hasta ese lugar, es un bello lugar cerca de un barrio privado, la MISAS LOS DOMINGOS ES A LAS 10HS.

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    1. ¡Gracias por la información! Tengo muchas ganas de asistir, tengo el mismo problema que vos y además no sé si usar mantilla o no.

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    2. ¡Muchas gracias por la información! Tengo muchas ganas de asistir pero tengo el mismo problema que vos, además nunca he asistido a una misa tradicional y no sé si usar mantilla o no.

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    3. El uso de la mantilla no es obligatorio, es una buena costumbre aconsejada por san Pablo. Tampoco es necesario ir con pollera. Lo importante es vestirse con sobriedad y recato, y tener el corazón bien dispuesto.

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